Entrevistas

Arima León, directora de ‘Tal vez’: «Los espectadores van a sentir que una ola gigante les ha revolcado en la orilla».

Hablamos con la cineasta emergente canaria, que estrena su primera película el 10 de julio en cines.

arima leon entrevista
© Carlos Villarejo | Composición de Victoria Velasco para mundoCine

A sus 33 años, Arima León es una cineasta y guionista canaria que afronta con Tal vez su primera incursión en el largometraje. Formada en el teatro, este proyecto nace de la correspondencia entre la poeta y escritora Natalia Sosa y la trapecista Pinito del Oro, dos de las figuras femeninas más importantes de la cultura canaria del siglo XX, que mantuvieron un vínculo afectivo y sentimental, ejemplo de libertad identitaria.

Arima León ha dedicado una cuarta parte de su vida a desarrollar y hacer realidad este proyecto personal, entre el naturalismo y la lírica visual. En esta extensa entrevista para mundoCine, la cineasta cuenta el arduo camino financiero y creativo por el que ha transcurrido la historia, así como la defensa de la verdadera identidad canaria, que define y reivindica a lo largo de la charla.

Tal vez se estrena en cines de toda España el próximo 10 de julio, con Tania Sánchez y Adriana Ugarte encabezando un reparto de lujo completado por Antonia San Juan, Salva Reina o Aitor Luna, entre otros.

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Jesús Casas: Antes de entrar en la cuestión cinematográfica y profesional, quería preguntarte por la raíz de tu nombre, Arima, ya que fonéticamente es potente y, a buen seguro, hay personas que lo desconocían.

Arima León: Tiene gracia la historia, porque mis padres me lo pusieron pensando que era un nombre aborigen. En la cultura prehispánica canaria existían unas figuras relacionadas con la religión que eran muy respetadas, las harimaguadas.

Mi padre sacó el nombre de un libro ficcionado aborigen que se llama Atacayte, donde la madre del personaje homónimo se llama Arima. Esto es bonito [sonríe para sí], pero no es cierto.

Con 18 años, indagué en varios libros de nombres guanches y me llamaba la atención que Arima no aparecía nunca relacionado con nada aborigen. Resulta, pues, que es un nombre de origen vasco que en euskera significa «alma».

J. C.: Después de ocho años trabajando en Tal vez, de su primera proyección en el Festival de Cine de Las Palmas, de su selección en CIMA y de que apenas falte un mes para su estreno en las salas nacionales, ¿cuáles son las sensaciones de Arima León ante la puesta en libertad de su primer largometraje?

A. L.: Soy una persona con una exigencia muy alta y esperaba reacciones negativas por parte del público, pero cada vez que hemos proyectado Tal vez hemos recibido una avalancha de cariño inmensa.

Estuve tanto tiempo pensando que no iba a funcionar, que ahora, cuando veo que la gente encuentra en la película una suerte de hogar, resulta muy abrumador para mí.

arima leon festival cine
© Gerardo Ojeda

J. C.: Cuando ves el resultado final de la película, ¿piensas en si hubieras cambiado algo? ¿O estás completamente satisfecha con el resultado final?

A. L.: Siento que la película ha salido como tenía que salir. Lógicamente, siempre piensas que ojalá hubieras manejado un mayor presupuesto para no tener que realizar escenas en una sola toma o realizarlas de otra manera, pero estoy muy orgullosa de ver que el esfuerzo tan grande que hice tanto yo como el equipo esté reflejado en el resultado final de la película.

En mi caso, siempre digo que a Tal vez le he entregado mis años veinte y he sentido que todo el equipo se ha entregado de manera muy pasional al proyecto. La gente que ve la película por primera vez y no conoce las circunstancias del rodaje también lo percibe así.

J. C.: Tras varios cortometrajes en los que están presentes los temas y conflictos en torno a la mujer y tu tierra, Canarias, nos gustaría saber qué ha supuesto para ti como cineasta el paso del corto al largo.

A. L.: Como cineasta, no he sentido una gran diferencia entre un formato y otro. Rodar un cortometraje de un día con diez personas me genera los mismos nervios que hacer un largometraje por primera vez.

Hay una parte del proceso de preproducción de la que me siento especialmente orgullosa, y es que conté con un equipo con el que ya había trabajado previamente y que considero amigos y amigas. La mayoría de los actores que salen en la película son personas con las que me formé o que fueron profesores míos aquí, en Gran Canaria.

Sí es cierto que, pese a tener la sensación de estar haciendo otro cortometraje con amigos, aparecieron las presiones externas que sí conlleva un largometraje, porque hay mucho dinero en juego. La responsabilidad sí es distinta.

Pero mi mentalidad diaria era: «Hoy es un día para jugar, que no se va a repetir». Siempre voy al set pensando que puede ser el último rodaje de mi vida y lo disfruto muchísimo. Levantar un proyecto cinematográfico es muy difícil y supone muchos quebraderos de cabeza y sufrimiento, así que, cuando ocurre, hay que disfrutarlo al máximo.

J. C.: La diferencia, por tanto, reside más en la producción y el apoyo financiero para levantar el largometraje que en el propio rodaje en sí. ¿Cómo fue este proceso?

A.L.: Fue uno muy largo, porque viví las dos vías que hay para levantar un proyecto como Tal vez. El primero fue la ultra precaria; es decir, empecé a autoproducir la película yo misma porque no había nadie que apostara por ella. Cuando empezamos el proyecto hace ocho años, como has comentado, las productoras insulares eran muy pequeñitas y no tenían cabida para otro proyecto de la envergadura de Tal vez.

Cuando viajé a la Península para buscar otras fuentes de financiación, me di cuenta de que no tenía ningún contacto en la industria. Vengo del mundo del teatro y todo el tema industrial en torno al cine me resultaba completamente marciano. Entonces, me establecí como autónoma y productora, pedí ayudas de desarrollo y regionales, que conseguí, y me asocié con otras productoras para levantar medio millón de euros.

En este punto, después de siete años, por una especificidad técnica tuvimos que devolver gran parte de estas ayudas y nos encontramos, de nuevo, en la absoluta nada. Recuerdo la llamada de Daute Campos, que finalmente sería el productor ejecutivo de la película, dándome la noticia y diciéndome que la película no se iba a hacer.

J. C.: Debió de ser un momento muy duro y un punto de inflexión para ti y para el equipo.

A. L.: Así es, pero nada más terminar esta llamada, descolgué el teléfono para hablar con Lidia Palencia [directora de producción de ISII Group, un conglomerado audiovisual que funciona como plataforma para la aceleración de proyectos cinematográficos], con la que me había reunido hacía unos meses.

Para mí, que vengo de una familia muy empobrecida, sigue siendo algo casi surrealista que exista algo así que apoye este tipo de proyectos del modo en que lo hacen. Aunque Lidia me dijo que el catálogo de proyectos de 2025 ya estaba cerrado, algo que he aprendido en el cine y la industria es a ser perseverante. Dos semanas después, tras volver a hacer el pitch y convencerla de que estaba listo para rodarse, lo compraron.

A partir de ahí, se aunaron la complejidad de establecer una relación con una productora nueva y, a su vez, la facilidad de producción por haber podido elevar el presupuesto para desarrollar Tal vez con todo el potencial que yo consideraba que tenía.

Por resumir el proceso, fueron siete años de absoluta miseria y dificultades para, después, manejar todos los recursos que te puedas imaginar. Tuve mucha suerte y me siento una privilegiada de poder contar con personas como, por ejemplo, Tano Juárez [primer ayudante de dirección de la película], con las que poder dirigir con tranquilidad.

tal vez 2026 rodaje
© ISII Group

J. C.: Antes de pasar a otros aspectos, creo que es interesante conocer tu figura como cineasta, saber qué es para ti la identidad canaria y por qué es algo central en tu cine.

A.L.: La identidad se construye desde dos aspectos fundamentales. Por un lado, está la raíz, es decir, de dónde vienes, y por otro, cómo construyes tu propio camino en la sociedad en la que nos toca vivir.

No es lo mismo nacer en un territorio periférico con una historia marcada por el colonialismo, como Canarias, que haber nacido en el centro de Madrid, aun con la misma clase social, género y raza. Es completamente diferente.

Es importante asumir esto para plantear un diálogo saludable en torno a cómo los territorios y las culturas afectan a nuestra propia identidad, que no es otra cosa que el ser.

Natalia Sosa [escritora y poeta, personaje protagonista de Tal vez], hablaba de una patria álmica cuando se refería a la identidad. Ella no solo fue a la raíz del territorio, sino que también decía que la patria de cada uno estaba en uno mismo. Me parece un pensamiento muy poderoso.

J. C.: En el sentido de raíz e identidad, tal y como lo defines, el contexto y el marco son lugares comunes para contar historias íntimas a través de tus personajes. ¿De qué manera te sirve el lenguaje cinematográfico para rellenar los huecos de la memoria o poner en liza historias que, aparentemente, están ocultas?

A. L.: Trabajo mucho desde la semiótica. Yo no he estudiado cine, sino que vengo del mundo del teatro, y en el proceso de Tal vez he ido aprendiendo mucho. Para mí es muy importante lo que llamo «objetos faro» dentro de la propia imagen. En el caso de esta película, eso era el circo, y lo era porque Natalia tenía una obsesión con el concepto idealizado del circo en la infancia.

Traté de reflejar y construir el elemento circense no como un espectáculo, sino como un símbolo; es decir, lo que significa este dentro de los recuerdos idealizados que actúan como un refugio para sobrellevar las cosas que nos pasan a lo largo de la vida.

J. C.: Entrando en el proceso creativo de Tal vez, me parece muy interesante el camino que ha seguido el guion de la película desde las primeras correspondencias entre Natalia de Sosa y Pinito del Oro.

A. L.: La escritura del guion ha sido un proceso muy, muy largo. Para empezar, porque he aprendido a escribir cine a través de esta película, yendo a laboratorios y siendo asesorada por personas que tienen un gran control de la escritura de guiones cinematográficos.

Con el paso del tiempo, fui consciente de cómo quería contar esta historia más que de qué quería contar. Siempre he intentado ser fiel a lo que Natalia de Sosa y Pinito del Oro transmitían en su correspondencia, pero también hubo un momento en que tuve que alejarme de la realidad para construir la identidad propia de Tal vez. Este fue el paso creativo más difícil de los últimos ocho años.

No quería narrar simplemente la historia, sino descubrir y rellenar los huecos de ambas para evitar que se convirtiesen en personajes estereotipados. Durante el proceso de construcción de los personajes, mantuve conversaciones con Adriana Ugarte para evitar que Pinito se convirtiese en una mera femme fatale, fría y calculadora, ya que, al leer las cartas que escribía Natalia, descubría otras aristas de la persona de Pinito y veía al personaje a través de los ojos de Natalia.

Algo similar ocurre con Natalia. En una proyección previa, un espectador me comentó que sentía demasiado estereotipado el personaje porque era una mujer muy masculina y violenta. El hecho es que Natalia atravesaba el mundo de esta manera, no solo físicamente, sino también emocionalmente, a causa de todas las tragedias que cruzaban su vida.

Por tanto, el eje fundamental para que todos los elementos cohesionaran en el guion era trabajar desde la honestidad. Quería contar su historia hasta donde ellas mismas quisieron hacerlo público a través de sus cartas. Quería basarme en los hechos fácticos que ellas mismas me contaban mediante su correspondencia mutua.

tal vez pelicula
© ISII Group

J. C.: Además, se aprecia la intencionalidad estética de mostrar y ser fieles a una época y un momento muy concretos del siglo XX en las Islas Canarias, no solo en el carácter naturalista que impregna a la película, sino también en el tono que se separa de la realidad y rellena los huecos de la memoria y la relación entre ambas artistas con un velo onírico. ¿De qué manera trabajasteis esto?

A. L.: Siempre tuve como referente La novia, la película dirigida por Paula Ortiz, donde ella traducía en imágenes la poética de Federico García Lorca. En mi caso, traté de hacer un ejercicio similar con la lírica de Natalia de Sosa.

Me planteaba cómo podía reflejar en imágenes la herida existencial que sufrían tanto Natalia como Pinito del Oro. Para ello, utilicé referencias de mi propia experiencia en el mundo del teatro y también aspectos del mundo circense que necesitaba incluir en la narrativa para alejarla de lo puramente cinematográfico y construir un universo entre ambos mundos.

Quería que el circo tuviera una presencia muy importante en la película, porque Natalia lo menciona de manera reiterada a lo largo de su vida. Ese recuerdo tiene un carácter onírico que quería que estuviera presente en la película.

Me surtía de estéticas que me recordaban, por ejemplo, a Peter Brook [director de teatro británico], Pina Bausch [bailarina y coreógrafa alemana] o a autores como Xavier Dolan, cuya estética surrealista en la película Laurence Anyways me interesaba inculcar porque me parecía muy afín al mundo escénico del teatro.

No pensaba tanto en alejarme de una película típicamente de época, sino que, más bien, mi línea de pensamiento estaba en la traducción de la poética a la imagen cinematográfica.

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J. C.: En el apartado del cast, encabezado por la actriz canaria Tania Santana como la escritora y poeta Natalia Sosa y Adriana Ugarte como la circense Pinito del Oro, me gustaría saber cómo fue el trabajo con el reparto de raíz canaria y con aquellos venidos de diferentes partes de la península.

A. L.: Adriana Ugarte es la única que tiene un personaje de peso en la película, Pinito del Oro, que es de fuera de Canarias. El resto de los personajes eran peninsulares de origen ya desde la escritura del guion.

Sí es cierto que este aspecto me generó incertidumbre cuando aún no conocía a Adriana. Me preguntaba si íbamos a conseguir construir una Pinito del Oro genuina, no porque dudara del talento de Adriana, sino porque nunca había trabajado con ella ni la conocía personalmente, y eso genera algunas dudas de entrada. Con Tania, en cambio, lo tenía muy, muy claro desde el principio, porque fue la primera actriz en la que pensé para interpretar a Natalia Sosa, y ella conocía el proyecto desde su fase de gestación.

Sin ser tan trágica, claro, Tania y Natalia tienen una energía interior muy natural, como la de un potro salvaje desbocado, algo que era fundamental e inherente al personaje de la poeta. Se produjo una cohesión muy natural, no solo entre ambas, sino también entre el resto de los actores y actrices del reparto, ya sean insulares o peninsulares, como Aitor Luna, Salva Reina, Antonia San Juan, Ruth Sánchez, etc.

Tengo la sensación de que son personas muy devotas de su profesión y, también, son muy buenos en lo que hacen. De hecho, centré la dirección de actores en que jugaran con sus roles, se hicieran bromas y generaran una sinergia entre todos. En varias escenas, di la señal de grabación con total libertad para improvisar y llegar al texto cuando sintieran de forma natural que debían hacerlo. Gran parte de esto acabó en la película, aunque hubo momentos en los que estaban tan desbocados y lo pasaban tan bien que se me iban de las manos [sonríe].

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© ISII Group

J. C.: Antes de cerrar la entrevista, y conociendo de primera mano el interés y la temática de tu filmografía, que consiste en contar la historia de las islas a través de sus personajes y tradiciones, más allá de lo que se le cuenta al turista, ¿qué destacarías, aparte del aspecto mediático y, seguramente, estereotipado, que pueda tener el turista sobre qué son y qué significan las Islas Canarias?

A. L.: La primera palabra que me viene a la cabeza es «resiliencia». Me cuesta establecer un canon de lo que es Canarias porque creo que este territorio tan fragmentado y complejo requiere una reflexión colectiva para establecer uno que refleje bien hacia fuera lo que son las islas.

Son muchos siglos en los que han sido los políticos o las personas de fuera quienes han definido la identidad canaria, por lo que creo que sería interesante establecer una conversación comunitaria en torno a lo que las personas insulares entendemos por este concepto.

Podríamos hablar de la Canarias de Natalia Sosa, que sería gris por la panza de burro del norte de la isla, y que tenía ciertos privilegios respecto a otros lugares, como el sureste, donde hasta los años ochenta la gente era extremadamente pobre. Mi realidad como canaria, procediendo de una familia casi esclavista, no se parece en nada a la de Natalia y su familia. Es una respuesta demasiado compleja como para resumirla, pero sí existe el intento de luchar contra lo que no queremos que se vea de las islas, esa imagen publicitaria de paraíso idílico que no es una mentira y que se construye a través de la publicidad, las palmeras y la playa de Maspalomas, que solo es un pequeño rincón de lo que verdaderamente es el acervo cultural canario.

En la película hemos querido reivindicar esto, por ejemplo, a través de la música, con el uso del timple, un instrumento típico canario. Su sonido representa la esperanza y la resiliencia del pueblo canario.

J. C.: Creo que es un mensaje muy potente para la reivindicación del carácter canario, dicho por alguien que tiene tan presentes las raíces y tradiciones insulares. Para finalizar, queremos darte un espacio para que te dirijas a los lectores y potenciales espectadores de Tal vez, que llega a los cines de toda España el próximo 10 de julio.

A. L.: Tal vez es una película con la que los espectadores van a sentir mucho y tendrán la sensación de que una ola gigante les ha revolcado en la orilla de la playa, dejándolos desorientados y con tiempo para encontrar las palabras que definan lo que han sentido. Encontrar un refugio para sentir y reconciliarse con la vida es el fin último del cine.


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Jesús Casas

Jesús Casas

Curioso cultural y ávido consumidor de cine clásico. Ha cubierto el Festival de Cannes como prensa acreditada para mundoCine y ha entrevistado a personalidades de la talla de Rodrigo Cortés, Paul Urkijo, Álvaro Cervantes, Alba Flores o Sam Reid, y ha cubierto eventos desde la Academia de Cine y galas de premios como las Medallas CEC y los Días de Cine.