Crítica de ‘Hombres de acero’ (‘Wasteman’): Salvaje actualización del drama carcelario.

El género carcelario ha sido recurrente a lo largo de la historia del cine y ha entregado varias obras maestras de distinta índole e identidad, muy ligadas al estilo de los directores que las firmaban. Afín a la fría puesta en escena y a la forma aséptica de abordar sus películas, Robert Bresson realizó una de sus obras cumbre en 1956, Un condenado a muerte se ha escapado, en la que un miembro de la Resistencia francesa logra escapar de una prisión bajo control nazi.
Posiblemente, la cárcel cinematográfica por excelencia haya sido la de Alcatraz, situada en la isla homónima frente a la costa de San Francisco. Destacan dos películas de carácter diferente, como El hombre de Alcatraz (1962), rara avis tanto en la filmografía de su director, John Frankenheimer y, más aún, en la de su actor protagonista, Burt Lancaster, o Fuga de Alcatraz (1979), la última de las prolijas colaboraciones entre Don Siegel y Clint Eastwood.
Estas películas marcaron una identidad, unos códigos y unos conceptos visuales y narrativos que el cine de finales del siglo XX asumió y llevó más allá en, por ejemplo, la obra magna de Frank Darabont, Cadena perpetua (1994). Como ocurre con otros géneros –véase el western–, el cine de prisiones no ha sido tan prolífico durante el siglo XXI y, por ende, resulta interesante que el debut en el largometraje del británico Cal McMau sea una vuelta a este tipo de historias.
Como ha ocurrido con Curry Barker (Obsession) o Kane Parsons (Backrooms), la tecnología y las redes sociales han sido claves para el desarrollo y la realización de su Hombres de acero (2025), película que le valió el BIFA al Mejor Director Novel y un puñado de nominaciones a los BAFTA.

Las imágenes de violencia, corrupción y tráfico en el interior de las cárceles del Reino Unido, captadas con teléfonos móviles que los reclusos introducían de manera ilícita y que vio McMau, fueron el punto de partida de la película. Tal es así que el prólogo introduce la historia con un encuadre y una relación de aspecto propia de un celular, en el que varios presos agreden brutalmente a otro.
Tras esta introducción se presenta a Taylor, un joven en la treintena que acaricia la libertad condicional tras trece años en prisión y cuyo único requisito para conseguirla es no verse involucrado en ningún tipo de incidente hasta el día de su liberación. Además de su adicción a los estupefacientes, la llegada de un misterioso e imponente compañero de celda pondrá a prueba su capacidad para conseguir la liberación y reencontrarse con su hijo.

Cuando un género ha sido tratado durante tantísimas décadas y por otros tantos autores, siempre es bienvenido un nuevo acercamiento desde un punto de vista contemporáneo y comunicativamente ligado a las nuevas generaciones de consumidores de contenido a través de otro tipo de formatos. Esta actualización del found footage, combinada con el pulso y la tensión de la cámara en mano que invade la intimidad de los protagonistas y de los reclusos del centro penitenciario en el que transcurre la película, dota de una identidad propia a Hombres de acero, cuyo título original, Wasteman, hace referencia en la jerga inglesa a aquel estúpido que desaprovecha su vida y las oportunidades que esta le ofrece.
Además del formato celular, McMau elige un formato poco convencional en cine como el 2:3 para comprimir la acción en la pantalla y, a su vez, generar una mayor inmersión del espectador en el confinamiento que sufren los reclusos. Por si esta decisión técnica fuera poco, la película está llena de encuadres sucios en los que muchos elementos verticales y transversales interceptan a los personajes, arrinconándolos todavía más dentro de su encierro y produciendo mayor sensación de claustrofobia.
Resulta también coherente el trabajo de fotografía, iluminación y etalonaje a cargo de Lorenzo Levrini (Amanda), tanto por el tono grisáceo y apagado que impregna la mayor parte del metraje como por los escasos momentos en los que la vivacidad del color aparece para iluminar o dar esperanza a alguno de sus protagonistas.

Cabe destacar a unos protagonistas en estado de gracia. El contraste entre la actitud arrogante e imponente que Tom Blyth (Los juegos del hambre: Balada de pájaros cantores y serpientes) consigue transmitir desde la amenaza y la autoridad, tanto dentro de la cárcel, donde es recién llegado, como fuera de ella, encaja a la perfección con la actitud sumisa, frágil y vulnerable de David Jonsson, que tuvo su primer gran reconocimiento con Rye Lane (2023) y que desde entonces no ha dejado de cosechar elogios gracias a Alien: Romulus (2024) y a la adaptación cinematográfica de La larga marcha (2025). Es su personaje el que traslada al espectador la barbarie, la corrupción y la falta de recursos que convergen en una prisión estatal donde sobrevivir un día más ya constituye un motivo de celebración.

De las razones que mueven a unos y otros a ocupar los diferentes puestos jerárquicos dentro del centro penitenciario –con una certera composición espacial de sus diferentes niveles físicos de la prisión por parte del novel director– y de aquellos que luchan por sobrevivir un día más con el único objetivo de salir de allí con todas las partes del cuerpo intactas trata Hombres de acero, cuya principal novedad reside en adecuar los recursos de los que se valen los reclusos del siglo XXI para sobrevivir, muy alejados ya de la clásica lima, la cuchara o el libro hueco de anteriores películas del género y sustituidos ahora por teléfonos móviles, drones o videojuegos.

Pese a que no logra desligarse de ciertos clichés en su resolución durante el último acto, giro de los acontecimientos incluido, Cal McMau sí logra dotar de una personalidad contemporánea a esta nueva película de supervivencia carcelaria, donde cada uno de los reclusos tiene un rol muy marcado. Un visionado tan interesante como crudo, debido a la explicitud y dureza a la hora de mostrar la violencia.
NOTA: ★★★½
«HOMBRES DE ACERO», ESTRENO HOY EN CINES.
TRÁILER DE HOMBRES DE ACERO:
PÓSTER DE HOMBRES DE ACERO:

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