Crítica de ‘El amor de tu vida’ (‘Love of Your Life’): Interesante propuesta sobre el duelo que no logra perforar la superficie.

En el penúltimo mes de 2019, el mundo iniciaba los preparativos para despedir la década y recibir con los brazos abiertos y llenos de ilusión un nuevo año. De manera paralela, el 17 de noviembre se diagnosticó el primer caso de COVID-19 en la región china de Hubei. Este virus se propagaría con rapidez por todos y cada uno de los países del globo terráqueo, situándose como la mayor pandemia sufrida por la humanidad en más de cien años. Sobre todo en sus primeros meses, el personal sanitario fue el frente de batalla contra la enfermedad, mientras asistía al colapso de hospitales y residencias que engrosaban sus cifras de muertos con una rapidez inaudita, a la vez que amontonaban cuerpos en sus pasillos. En muchas ocasiones, sin el material sanitario (EPI) adecuado para atender al paciente y protegerse a sí mismos y a su entorno de la infección.

Rachel Morrison, reconocida por su trabajo en la fotografía de películas como Black Panther, echa un vistazo a las huellas psicológicas que el SARS-CoV-2 dejó en estos profesionales a los que la memoria colectiva ya ha olvidado y a los que denominó héroes en los momentos más críticos de la enfermedad. Sumado a turnos infinitos por causa del volumen de contagios, las bajas de profesionales que contraían la enfermedad o el hecho de ser los encargados de dar la noticia del fallecimiento de un ser querido a alguien y negarle su despedida por medidas restrictivas, tuvieron que lidiar con el miedo de ser portadores de la amenaza vírica en sus casas y poner en peligro a sus familiares más cercanos. Este trauma es el conflicto dramático que rodea la idea de El amor de tu vida, que llega a Prime Video con el reclamo de lo que, con mucha probabilidad, es el mayor talento emergente de Hollywood en esta década: Margaret Qualley (La sustancia).
La hija de la también archiconocida actriz de comedias de los años 90, como Cuatro bodas y un funeral, Andie MacDowell, se pone el uniforme de enfermera de urgencias de Maya, el personaje al que interpreta y que sufre un flechazo inesperado con Charlie, con quien acaba contrayendo matrimonio apenas un año después de conocerse. Todo es idílico en esta pareja, que reside en un acomodado barrio de Boston, mientras planean su futuro a corto y medio plazo, hasta que la pandemia del COVID-19 trastoca sus planes –y los de toda la humanidad–. Acusando la tragedia, la culpa y el trauma que la persiguen tras echar una hora tras otra de manera inagotable en las urgencias de su hospital, Maya decide dar un giro a su vida y huir a Lisboa, donde pondrá una barrera invisible a sus sentimientos hasta la aparición de un nuevo hombre, Félix.

En sus primeros treinta minutos, la película se acoge a la estereotípica estructura de comedia romántica en la que chico conoce a chica, o viceversa. Mediante unas cuantas secuencias no demasiado fluidas, se presenta, de manera artificial, a qué se dedica cada uno de ellos, con el único objetivo de edulcorar el interés romántico. Llegado el momento, que no tarda en producirse ni coge de improviso, surge el conflicto dramático que da una vuelta al sentido de la historia. En este punto, sí cabe destacar que tanto Qualley como su pareja, Gabriel Basso, al que vimos en la excelente e injustamente vilipendiada Una casa llena de dinamita, muestran cierta química entre las cucharadas de romanticismo de escaparate con las que Morrison y su equipo les cubren.
No es muy original la tormenta eléctrica que acompaña al instante previo a la tragedia, que parece avisar de que ya toca mover el tiesto y sacudir, de algún modo, al espectador. Es precisamente en este tránsito entreactos donde Morrison y su equipo ponen hincapié en algo tan interesante como necesario; todas y cada una de las acciones rutinarias que una enfermera de pacientes COVID debía hacer para intentar proteger a los suyos cada día en su vuelta a casa: desinfectar su ropa, mantener la distancia, limpiar la compra, usar mascarilla en el propio hogar… hasta que todas estas secuelas físicas del trabajo directo con la amenaza se tornan psicológicas, momento en que el trauma irrumpe en la protagonista por agotamiento y cercanía.
Quizá no es baladí la elección de Lisboa como puesta en escena en la que Maya escoge empezar su nueva vida: una ciudad repleta de desniveles que bien podrían definir el estado de ánimo voluble de la enfermera, ahora en excedencia. Sí es una decisión consciente hacerlo en una ciudad que Maya había planeado visitar junto a Charlie, el hombre del que intenta alejar su cuerpo y sus sentimientos, pero al que la carga de culpa mantiene ligada. La aparición de un nuevo personaje es el motor narrativo que lleva al guion a cambiar de ubicación geográfica a Londres.
De nuevo coherente, eso sí, con lo que había mostrado en su primer acto, otra serie de postales idílicas entre el sexo y los paseos existencialistas de Félix y Maya vuelven a sentirse apresuradas, poco elaboradas desde el subtexto y bastante discursivas. Con el debe, además, de que la sintonía entre Qualley y Aaron Pierre, al que hemos visto recientemente en Linternas, dista mucho de la que había mostrado con Basso.

Es correcto el trabajo de fotografía naturalista de Todd Banhazl (Jugada maestra), que se separa algo de la estética puramente digitaloide del tipo de producto hecho directamente para plataformas, intentando combinar algunos aspectos ópticos para los distintos estados de ánimo de Maya, pero carente de un trabajo de contraste o intención de luz.

Qualley está en un punto profesional en el que es solvente en todos los papeles que aborda, pero ya ha alcanzado varias cimas en su carrera de la talla de Érase una vez en… Hollywood (2019), La sustancia (2024), Blue Moon (2025) o el excesivo, y por ello icónico, papel de Dos chicas a la fuga (2024), como para resaltar esta entre ellas. Su interpretación responde a lo que pide un guion que navega entre la sensiblería y la poca originalidad de una trama cuyo devenir es predecible algunos minutos antes de su emotivamente buscado final.

Es una pena que el estudio del trauma y la culpa como consecuencias del duelo, y todo lo que persigue a una persona en sus años siguientes hasta conseguir sanar, no se explote de manera orgánica en una película que subraya demasiado los sentimientos, tanto positivos como negativos, de lo que supone amar a alguien con todas las consecuencias.
NOTA: ★★★☆☆
«EL AMOR DE TU VIDA», ESTRENO EN PRIME VIDEO.
TRÁILER DE EL AMOR DE TU VIDA:
PÓSTER DE EL AMOR DE TU VIDA:

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