Crítica de ‘El precio de la red’: Una película plana que pierde toda la esencia de su predecesora.

Entre 2007 y 2010, el director David Fincher (Seven) y el guionista Aaron Sorkin (Algunos hombres buenos) se asociaron con Sony para adaptar a la pantalla grande el libro The Accidental Billionaires, de Ben Mezrich, en el que se narra la historia de cómo un grupo de amigos universitarios de Harvard, encabezado por Mark Zuckerberg, desarrolló una idea que se materializó en 2004 con la fundación de Facebook. Además de estos primeros momentos de brainstorming e ideas puras, la película narra cómo la ambición y el ego de su CEO, interpretado por Jesse Eisenberg, destrozaron las relaciones personales entre el grupo hasta el punto de acabar en pleitos judiciales a causa de la demanda multimillonaria de Eduardo Saverin contra la plataforma y su otrora amigo por la disminución sustancial de su porcentaje accionarial, que acabó resolviéndose mediante un acuerdo extrajudicial.
Más allá de la rocambolesca figura de su personaje protagonista, La red social tuvo una magnífica repercusión mediática, crítica y académica. Ejemplo de ello es que Sorkin se hizo con el Óscar al Mejor Guion Adaptado, uno de los tres obtenidos por la película dirigida por Fincher. Otro de estos galardones, motor que hace funcionar a la perfección la estructura textual de Sorkin, es el montaje y la precisión del director de Zodiac para transformar la fundación de la mayor red social a nivel global y su proceso legal en un thriller en el que se combinan los hechos a través de saltos temporales envueltos en la ecléctica y electrónica banda sonora a cargo de Trent Reznor y Atticus Ross, que evocaba al mundo tecnológico donde se envolvían los personajes y su historia.

Ante la producción de la secuela, que llega a nuestro país con el título El precio de la red, parecía que el lastre de la ausencia de Reznor y Ross, Eisenberg en el papel del CEO más famoso del mundo –con permiso de Musk, si nos lee– por razones éticas sobre el propio personaje y, sobre todo, la negativa de su director, era demasiado pesado. Así pues, Sorkin se armó de valor y se hizo cargo de la dirección de esta nueva entrega, que se centra en la investigación de la extrabajadora de la plataforma Frances Haugen y del reportero de investigación que ganó el Pulitzer por este trabajo periodístico, hasta la publicación en 2021 de Los archivos de Facebook, que consta de nueve artículos sobre los daños nocivos que la red social causó a los adolescentes y su papel pasivo en la desinformación y la alteración de los resultados electorales a través de la mentira.

El hecho de que la propia producción de El precio de la red se haya encargado de promocionar la película como una obra complementaria, pero no una secuela al uso de La red social, ya ponía en aviso a navegantes a los espectadores, que ya algo se olían, de que esto era otra cosa. Aunque su prometedor arranque, prólogo de una nueva estructura episódica de la mano de Sorkin, tiene cierta pulsión narrativa, tanto por lo que narra –la denuncia a través del móvil de una mujer atractiva de cómo dos agentes de color, según ella, la están violentando– como por la forma en que está rodada, todo en esta «pieza complementaria» está despojado del gran mecanismo milimétrico que convirtió a su predecesora en una de las grandes películas del siglo.
Pese a que Sorkin intenta replicar, además del juego episódico, la narración fragmentada entre momentos temporales dispares, como 2019, fecha de la investigación, y 2021, momento del asalto a la Casa Blanca y publicación de los archivos, todo lo que tiene que ver con el aspecto cinematográfico es fútil y profundamente irrelevante en la película. Ni siquiera el excelso guionista logra brillar en un texto discursivo hasta la extenuación, mientras mueve la cámara sin demasiada precisión ni coherencia a través de sus dos protagonistas. Siendo un aspecto informativo complejo para el espectador medio, se espera que un guionista de su talla sepa dirigir al público con mayor sutileza que presentando a un personaje que, como se explicita varias veces, es un idiota tecnológico, y a una mujer, la trabajadora de Facebook a la que encarna Mikey Madison, a la que falta por explicar cómo se enciende un ordenador.
![Crítica de ‘El debut’ (‘The Debut’) [74SSIFF]: ¿Quién eres cuando subes al escenario?](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/09/el_debut_2026_critica.webp)
No es excluyente esta crítica, puramente al apartado del guion cinematográfico, de que el valor de lo que narra la película sea totalmente relevante en nuestros días. A la valía de una plataforma global que acoge a varias de las redes sociales con más usuarios del mundo, hay que denunciar las nefastas consecuencias para la salud mental de los adolescentes y el impulso global de los extremismos políticos y sociales que se nutren de las fake news difundidas a través de estos canales sin ningún tipo de filtro. La obra resalta y homenajea el necesario y valiente trabajo del periodista Horowitz y de Haugen al enfrentarse a la que fue su compañía y vocación frente al Congreso de los Estados Unidos.

Dejando atrás la vía de servicio, la insustituible ausencia de Eisenberg y Garfield en esta nueva película se ha tratado de tapar con la reciente ganadora del Óscar por Anora, Mikey Madison, y el multipremiado Jeremy Allen White por The Bear, que forman el tándem central de la investigación. «Correctos» y «solventes» son dos adjetivos que se pueden colgar a cada una de sus actuaciones, tan acertados como insuficientes ante tamaña empresa y la categoría de sus intérpretes. Allen White, per se, no es el actor con más carisma de Hollywood, pero Madison está reducida a un personaje vulnerable que se explica más a través del guion que de su propia actuación, incluido un acto final frente al Congreso que adolece de toda la fuerza y el magnetismo interpretativo que sí tenía James Stewart en Caballero sin espada, de Frank Capra, obra maestra que el propio Sorkin, de manera estúpida, establece como su propio techo al referenciarla en la película. Un apartado final merece Jeremy Strong (Succession), que poco o nada puede hacer con un Zuckerberg estereotipado y tan unidimensional al que podrían haberse ahorrado sacar en plano y que el espectador hubiera rellenado en su memoria con el gran CEO de Facebook que interpretó Eisenberg.

El precio de la red carga con demasiados lastres respecto a su predecesora como para alinearse, aunque sea tangencialmente, con ella. Sorkin vuelve a demostrar que no tiene la misma pericia con la cámara que con el guion, tan explícito en sus diálogos que bien podría haber sido un pódcast en muchos momentos de una película cuya mayor fuerza es su mensaje.
NOTA: ★★½
«EL PRECIO DE LA RED», ESTRENO EN CINES.
TRÁILER DE EL PRECIO DE LA RED:
PÓSTER DE EL PRECIO DE LA RED:

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