Crítica de ‘Femenino, singular’: Exquisito tratamiento cinematográfico en busca de la autodefinición personal.

Las personas migrantes suponen el 47,6 % de los afiliados al Sistema Especial de Empleados del Hogar, donde aproximadamente el 93 % del total de los trabajadores son mujeres. A estos datos, extraídos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en colaboración con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migración del Gobierno de España, hay que sumar alrededor de un 40 % de trabajadores del sector que trabajan sin contrato ni cotización, lo que supone un alto número de personas en la economía sumergida. En total, el número de empleados del hogar debe acercarse a los 550 000 en nuestro país.
De esta estadística se pueden sacar varias conclusiones temáticas que Xavi Puebla, que vuelve al largometraje tras catorce años desde A puerta fría (2012), ha extrapolado en Femenino, singular. La película brota de la semilla del libreto de una experiencia personal del coguionista Jesús Méndez Cestero sobre el sistema nacional de adopción en nuestro país.
Deshebrando esta madeja, la historia se nutre de manera transversal de cómo la precariedad laboral, la conciliación familiar y los estigmas que la sociedad ha establecido hacia las personas migrantes afectan a la maternidad de cada una de las mujeres en las diferentes circunstancias que muestra la película. Pero, ante todo, esta película, que llega a los cines tras su paso por el Festival de Málaga, es una invitación a la reflexión sobre la identidad, tanto la propia como la de un país que se encuentra en un momento de autodefinición identitaria.

Nayeli es el personaje central sobre el que giran todos los argumentos sociales con los que la película motiva su existencia. Esta joven mexicana trabaja en Barcelona cuidando del hogar y del hijo de un matrimonio embebido por sus respectivos trabajos, que aportan solvencia económica al hogar pero, por contra, dificultan la conciliación laboral para pasar el tiempo conveniente con el niño.
Por su parte, a la empleada del hogar apenas le llega el sueldo para subsistir, ya que envía un alto porcentaje del mismo a su pareja en México, quien aparentemente está invirtiendo en un negocio que solucionará la vida de ambos. El paso del tiempo, la precariedad y la maternidad irrumpen en la vida de Nayeli, que está a merced de su entorno y tendrá que lidiar con unos impulsos internos que la invitan a rebelarse ante la situación.

La estructura de la película se divide en dos partes diferenciadas por una escena dramática que sirve de punto de inflexión. El punto de vista, desde el arranque hasta el último segundo del metraje, es el del personaje de Vico Escorcia (Acapulco), que interpreta su primer gran papel fuera de México encarnando a la joven empleada del hogar que se ha trasladado a Barcelona con el objetivo de conseguir recursos económicos suficientes para volver a México e iniciar una vida laboral y familiar más acomodada. La maternidad es el centro de la película, no tanto argumentalmente, pues es una película afectada por multitud de temas, sino físicamente, ya que el punto dramático de ruptura se centra precisamente en una decisión de Nayeli al respecto.
Lo más destacable de la película a nivel formal son las decisiones que Puebla, en conjunto con su equipo, toma para diferenciar ambas mitades, y cómo estas influyen en su protagonista. La introducción ya es una declaración de intenciones de esto, con un primer plano de Nayeli interceptada por un elemento vertical, mientras, a través del trabajo de diseño sonoro, el ruido de la ciudad y el tráfico expulsan al personaje al fondo del plano en cuanto intenta cruzar una calle. Visualmente, esta parte se centra en cómo las circunstancias del entorno afectan a la toma de decisiones, que devendrá en errores más adelante, del vulnerable personaje de Escorcia, quien verá también sus emociones subyugadas ante la precariedad y abandono emocional que sufre en España y desde México.

El conflicto dramático de la película está relacionado con un parto, algo que, en un primer momento, puede parecer convencional al público en el marco del género social de nuestro país en los últimos años. Con el objetivo de desmarcarse, Puebla logra elevar esta secuencia desde el lenguaje cinematográfico con un arriesgado primer plano en el que el rostro de Nayeli fluctúa, entrando y saliendo del foco, y, sobre todo, con un violento movimiento de cámara que empuja al personaje a mirar al neonato, acto que cambiará radicalmente su destino. A raíz de este momento, se produce una ruptura en la forma en que el audiovisual venía afectando al personaje y en la fuente desde donde lo hace, para trabajar, también desde la iluminación, las emociones orgánicas e internas que sufre el personaje a causa de la maternidad y los diferentes tipos de esta que le rodean y en los que intenta reflexionar Femenino, singular.

Todas las aristas sociales, económicas y raciales que fluyen en la película acaban desembocando en el mismo océano: el personaje de Nayeli. Escorcia tiene una capacidad extraordinaria para evocar sentimientos alejándose de la explicitud dialogada que impone el director durante todo el metraje. Puede que este punto suponga un conflicto para el espectador que necesite más información plausible y para el que guste de participar activamente para rellenar el relato que propone una película, pero resulta estimulante ver cómo todos los elementos técnicos y artísticos de la película son coherentes con su propuesta.
Junto a la gran revelación que es Vico Escorcia, hay que destacar a otra actriz que ya no sorprende a nadie por su gran capacidad interpretativa: Nora Navas (Dolor y gloria). Esta interpreta a la dueña del hogar con quien tiene relación el personaje protagonista, una mujer atareada cuyo éxito profesional ha tenido como consecuencia la pérdida emocional de su hijo. Lejos de juzgar, la mirada de Puebla simplemente muestra a un personaje ambiguo que, de nuevo, reflexiona sobre las decisiones y prioridades que ha tenido que tomar en su vida.

Femenino, singular es un exquisito tratamiento cinematográfico de la búsqueda de la identidad propia y de la revuelta del cuerpo frente a la mente. Cuenta, además, con una de las interpretaciones revelación más destacadas del año por parte de Vico Escorcia, que no sorprendería ver en temporada de premios, pese a que esta pequeña propuesta pueda verse opacada por películas con más músculo mediático.
NOTA: ★★★★☆
«FEMENINO, SINGULAR», ESTRENO HOY EN CINES.
TRÁILER DE FEMENINO, SINGULAR:
PÓSTER DE FEMENINO, SINGULAR:

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