Crítica de ‘Hokum’: Brujas, hoteles encantados e irlandeses.

En 2010 se lanzó la primera entrega de la saga de videojuegos Alan Wake, la historia de un escritor en pleno bloqueo creativo que viaja a una zona remota junto a su esposa. Tras la desaparición de esta en extrañas circunstancias, el autor se ve obligado a enfrentarse a entes sobrenaturales y a indagar en su propia psicología.
Ya en aquel momento, la premisa resonaba en la memoria de muchos jugadores, pues el imaginario de Stephen King es lo primero que se viene a la cabeza por novelas hiper conocidas como El resplandor o relatos cortos como 1408. Y es que, esta historia, independientemente del medio para el que fue creada, no inventa nada nuevo, pero sí rinde homenaje a buenos referentes y logra ser una experiencia atractiva y entretenida.

Hokum, la tercera película del director y guionista Damian McCarthy, parte de un planteamiento muy similar. Ohm Bauman (Adam Scott) es un escritor frustrado que intenta terminar su última novela mientras viaja a The Bilberry Woods, un aislado hotel irlandés donde sus difuntos padres pasaron su luna de miel, con el fin de esparcir allí sus cenizas.

Tanto el escenario –un hotel acogedor de luces tenues, colores cálidos y una suite nupcial clausulada– como sus habitantes –personajes misteriosos que aseguran que una bruja habita en dicha suite–, sitúan a Hokum dentro del folk horror irlandés. Sin embargo, es su guion, centrado en el trauma que Ohm arrastra desde la infancia, lo que reenfoca toda la narrativa.
Con una trayectoria que abarca tres largos y varios cortometrajes, McCarthy tiene algunos sellos autorales que reaparecen en Hokum. El primero brota directamente de su propia imaginación: desde piezas tempranas como He Dies at the End (2008) o How Olin Lost His Eye (2013), se percibe una fijación por criaturas pesadillescas peludas, oscuras, grotescas y de ojos saltones. Por otro lado, destaca su interés por las miniaturas, un elemento fundamental en Caveat (2020) y Oddity (2024), que reaparece como piezas clave del diseño de producción para ilustrar el contexto histórico o resolver puzles (algo, además, muy típico de los videojuegos).
Al igual que en la ya mencionada Oddity, la atmósfera es todo un logro. Mientras que en aquella se jugaba con espacios abiertos y tenebrosos, aquí los interiores del hotel resultan más claustrofóbicos y todavía más sombríos. La atmósfera se carga de tensión mediante el uso de luces y sombras, anticipando el peligro al espectador, para luego subvertir sus expectativas y sorprenderle (o, más bien, asustarle) de formas imprevistas. Es una técnica que McCarthy lleva trabajando desde sus primeros cortometrajes y que, tanto en Oddity como aquí, ha perfeccionado hasta consolidarse como uno de los directores más interesantes en la construcción del jumpscare.

Pero Hokum no es (solo) una película de sustos en el interior de un hotel embrujado. McCarthy articula una historia personal sobre la pérdida de seres queridos y la culpa a través del terror sobrenatural, guiándonos hacia un tono de fábula tenebrosa donde lo terrorífico funciona como alegoría del trauma. Para lograrlo, el hotel, más que un simple escenario, es un espacio en el que el sufrimiento se manifiesta de formas inquietantes.
En este entorno, el protagonista, interpretado por un Adam Scott (Severance) que no exagera su miedo interno, sino que manifiesta su deterioro y su trauma por medio de sutilezas, no es el héroe modélico que se enfrenta a los peligros, sino una persona negativa que se hunde en sí mismo y en las profundidades de la posada.
El director irlandés confía plenamente en los misterios y la intriga que plantea, aunque estos sean clichés predecibles. Hay una desaparición que sirve de excusa para desarrollar un universo de folclore, brujería y un crimen pasional que aporta capas interesantes al conjunto, porque lo terrorífico no es solo el hotel embrujado en el que transcurre la acción, sino también sus empleados. Sin hacer spoilers, quizá las brujas no sean lo peor (ahí lo dejamos).
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Los temas centrales que trata Hokum y la forma de afrontarlos ya estaban presentes en sus dos anteriores títulos, aunque en esta ocasión se apuesta más por el terror psicológico. De nuevo, es fácil relacionar las ideas de McCarthy con videojuegos como Alan Wake o Silent Hill 2, aunque el cineasta rechaza ser tan críptico como el segundo en favor de una obra más accesible y comercial. Así, busca darle sentido y explicación a todo, eliminando todo posible rastro de ambigüedad, una decisión que, aunque le resta algo de audacia, nunca llega a caer en lo obvio.

En definitiva, Hokum es una buena cinta de terror que, si bien no inventa nada, consigue tejer una divertida y aterradora fábula.
NOTA: ★★★½
«HOKUM», ESTRENO MAÑANA EN CINES.
TRÁILER DE HOKUM:
PÓSTER DE HOKUM:

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