Crítica de ‘I Love Peru’ [AMFF16]: El ombligo del mundo (y el del artista moderno).

El cine contemporáneo está saturado de discursos autocomplacientes sobre el peso de la fama y la deconstrucción del artista. Sin embargo, muy pocas obras tienen la osadía de mirarse al espejo con un cinismo tan afilado y una falta de pudor tan absoluta como lo hace I Love Peru, la cinta codirigida por Hugo David (L’acteur) y un Raphaël Quenard (Yannick) en estado de gracia –y de pura desvergüenza–.
![Crítica de ‘Idiotka’ [AMFF16]: El precio de una lágrima.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/08/idiotka-critica.webp)
La película, que forma parte de la Sección Trends del Atlàntida Mallorca Film Fest 2026, se erige como un monumental falso documental que disecciona las miserias del ego moderno a través de un viaje que, irónicamente, tiene muy poco de espiritual y demasiado de psiquiátrico. Porque, si tuviéramos que encasillar esta rareza inclasificable, estaríamos hablando de una docu-ficción de guerrilla que abraza el absurdo como única vía para encontrar algún tipo de verdad.
Un largometraje cuyo mayor triunfo es contar con un guion que muestra una firme negativa a filmar el país sudamericano como un mero escaparate folclórico o un remanso de paz exótico. En esta película, el Perú no es realmente el tema de estudio, sino el lienzo sobre el cual se proyecta el vacío existencial y la arrogancia supina del primer mundo. El protagonista no ansía comprender la milenaria cosmovisión andina; su único objetivo es consumirla, fagocitarla para regurgitarla en forma de catarsis prefabricada.

La cinta despliega así una sátira feroz sobre cómo Occidente ha mercantilizado las tradiciones indígenas, convirtiéndolas en tiritas emocionales para crisis de identidad gestadas en las comodidades de Europa. Y para ilustrar este patetismo, la obra arroja a su neurótico protagonista a las calles, forzando la interacción orgánica con ciudadanos que ignoran el artificio.
Es por ello por lo que, para comprender el intrincado mecanismo cómico de I Love Peru, es absolutamente imprescindible mirar hacia el trabajo de Sacha Baron Cohen, y muy específicamente hacia el hito cultural que supuso Borat en el año 2006. En aquella icónica cinta, Baron Cohen utilizaba a un extravagante periodista kazajo ficticio para exponer los prejuicios, la ignorancia y las contradicciones de la sociedad estadounidense a través de interacciones espontáneas con personas reales. Quenard toma prestada esta estructura de «choque cultural» y la inconfundible estética del falso documental, pero invierte de manera muy inteligente y deliberada el objetivo final de la sátira.
Ahora, la burla no recae sobre la cultura anfitriona, sino única y exclusivamente sobre el invasor. El protagonista de la película, que no es otra cosa que una versión hiperbolizada, insoportable y ególatra del propio Raphaël Quenard, ejerce de nuestro Borat particular. Tras alienar a todo su círculo cercano en Francia en su despiadada escalada hacia el éxito, decide que lo que su «genio atormentado» verdaderamente necesita es un retiro espiritual en Perú. Al interactuar con el entorno andino y sus habitantes, la cámara, operada en gran medida por su codirector Hugo David, captura la disonancia brutal entre las ínfulas místicas del actor francés y la cruda, indiferente y a menudo perpleja realidad de quienes le rodean.
En este sentido, el humor nace invariablemente de la más pura vergüenza ajena. Vemos al protagonista forzando epifanías espirituales donde, a todas luces, no las hay, apropiándose de manera torpe de rituales milenarios que ni respeta ni comprende, y esperando de forma ilusoria que la imponente geografía de Sudamérica le rinda pleitesía de inmediato. Los habitantes locales operan aquí como el hombre serio de la comedia clásica, devolviéndole la mirada a un europeo perdido que cree estar filmando una obra maestra trascendental cuando, en realidad, solo está documentando su propio y monumental ridículo.

Sin embargo, si el esqueleto narrativo y cómico le debe mucho a las audaces provocaciones de Baron Cohen, el alma de esta cinta bebe directamente de otras fuentes cinematográficas igual de potentes y significativas. Existe un claro y paródico paralelismo con el monumental cine de Werner Herzog –quien recibirá el Premio Donostia en el próximo Festival de San Sebastián–, en especial con obras magnas y perturbadoras como Aguirre, la cólera de Dios o Fitzcarraldo. En estas aclamadas películas de Herzog, presenciamos la megalomanía desatada del hombre occidental encarnado por la furia de Klaus Kinski, quien intenta imponer su voluntad febril sobre la inabarcable e indomable naturaleza sudamericana, lo que inevitablemente desemboca en tragedia, ruina, muerte y locura.
I Love Peru toma este solemne arquetipo del europeo megalómano y lo reduce hábilmente al patético absurdo de la modernidad. Quenard no busca El Dorado ni pretende construir un ostentoso teatro de ópera en medio de la indomable Amazonía; su ambición es mucho más minúscula, plástica, aséptica y generacional. Simplemente busca «encontrarse a sí mismo» para lavar su maltrecha imagen pública y alimentar su insaciable ego. La abrumadora naturaleza andina, majestuosa e imperturbable ante los dramas superfluos de primer mundo del protagonista, hace que sus pequeñas crisis nerviosas se vean aún más minúsculas en comparación.

A esta brillante parodia de la épica herzogiana se le suma la influencia innegable de la autoficción destructiva que pudimos experimentar en I’m Still Here, el desconcertante falso documental de 2010 dirigido por Casey Affleck (Manchester by the sea). Al igual que hizo Joaquin Phoenix (Joker: Folie à Deux) al fingir un colapso mental prolongado y un extravagante retiro de la actuación para convertirse en rapero, Quenard juega peligrosamente y con total descaro con los frágiles límites de la realidad. Se interpreta a sí mismo, un actor de carne y hueso que se encuentra en la verdadera cresta de la ola en Francia, simulando una aparatosa caída en desgracia.
La película se nutre de apariciones fugaces, cameos y conversaciones con figuras reales del establishment del cine francés, como Jonathan Cohen (Un año difícil) y Marina Foïs (As Bestas), quienes presencian con horror, hastío y confusión el rápido deterioro de su colega. Estas interacciones, cargadas de una incomodidad palpable, difuminan constantemente la línea entre el documental legítimo y la ficción orquestada, arrastrando al espectador a un divertido juego de espejos donde nunca se sabe del todo dónde termina la persona pública y dónde empieza el personaje de ficción.
Toda esta densa y estimulante exploración temática no tendría el mismo impacto demoledor sin la arriesgada decisión de abrazar una estética de guerrilla y una aparente e intencionada pobreza visual. Frente a los discursos altisonantes, insufriblemente pretenciosos y pseudo-filosóficos del protagonista sobre el cosmos, la energía del universo, la sanación chamánica y la pureza inmaculada del séptimo arte, la factura técnica de la película es deliberadamente sucia, errática, caótica e hiperligera. Son, en su más pura esencia, dos amigos armados únicamente con un equipo mínimo de grabación, corriendo atropelladamente por los paisajes parisinos y peruanos, filmando de manera casi compulsiva todo lo que ocurre a su alrededor.
Sabemos, no obstante, que esta aparente y desaliñada espontaneidad requirió la friolera de 38 semanas de meticulosa y extenuante edición en postproducción para lograr encontrar un hilo narrativo coherente, agudo y divertido entre el caos infinito del metraje original. Es precisamente esa gigantesca disonancia entre la forma elegida, que asemeja a un vídeo casero mal encuadrado, tembloroso y de baja fidelidad, y el fondo narrativo, que expone con grandilocuencia el supuesto y trascendental despertar espiritual de un autoproclamado genio, lo que mantiene la sonrisa de incredulidad, asombro y regocijo congelada en el rostro del espectador durante toda la proyección.

En última instancia, I Love Peru funciona como un dardo envenenado disparado con una precisión milimétrica directamente al corazón del rancio complejo de salvador blanco y al insufrible síndrome popularizado por el fenómeno literario y cinematográfico de Come, Reza, Ama. Más que documentar una verdadera y honesta búsqueda de la iluminación personal, la película retrata el llamado turismo espiritual como lo que, trágicamente, a menudo termina siendo en la actualidad: el último y desesperado refugio del narcisista occidental que, en el fondo de su ser, cree fervientemente que cambiar de huso horario o de latitud borrará de un solo plumazo su aplastante vacuidad interior.
Nos recuerda de forma implacable, a través de la risa y el bochorno, que por muy lejos que decidas viajar, y por muy ancestrales y exóticos que sean los remotos parajes que visites en tu huida, jamás podrás escapar de ti mismo, especialmente si eres un profundo, insalvable y absoluto cretino. Raphaël Quenard y Hugo David han logrado, contra todo pronóstico y empleando poquísimos recursos formales, orquestar una de las comedias más ágiles, incómodas, intelectualmente estimulantes y refrescantes de la temporada cinematográfica. Se trata de un auténtico acto de equilibrismo kamikaze, ya que se necesita ser poseedor de un intelecto privilegiado y, paradójicamente, carecer casi por completo de vanidad y ego para ser capaz de prestar tu propio nombre y rostro a fin de interpretar a un personaje tan colosalmente estúpido, tóxico y ensimismado sin caer en ningún momento en la mera y perezosa caricatura.
Y Raphaël Quenard, demostrando sin el más mínimo lugar a dudas que se ha consolidado como uno de los actores más audaces, valientes e interesantes de todo el panorama actual, lo hace con una maestría absoluta y desarmante. Lo logra sosteniendo de manera ridícula un absurdo coco en la mano, deambulando por los majestuosos Andes, y manteniendo a la perfección la mirada vacía, arrogante y perdida de quien cree firmemente haber comprendido el inescrutable universo entero sin haber entendido, en realidad, absolutamente nada de la vida.
NOTA: ★★★★★
«I LOVE PERU» PUEDE VERSE EN EL ATLÀNTIDA FILM FEST EN LA VERSIÓN ONLINE EN FILMIN.
TRÁILER DE I LOVE PERU:
PÓSTER DE I LOVE PERU:

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