Crítica de ‘El final de Oak Street’: Vecindario Jurásico.

Hay motivo para que buena parte de la cinefilia actual esté de celebración: David Robert Mitchell ha vuelto. El director de uno de los pilares del terror moderno (It Follows) y de una de las comedias lynchianas más extravagantes de los últimos años (Under the Silver Lake) está de vuelta después de varios años desaparecido. Con la secuela de It Follows en camino, podemos deleitarnos con un aperitivo: un blockbuster de aventuras y terror de puro espíritu Amblin.
Dinosaurios. En los años noventa no hubo quien no oyera hablar de estas criaturas prehistóricas gracias al éxito de Parque Jurásico (1993), de Steven Spielberg, que no solo fue un hito cultural en el terreno de las superproducciones, sino que también asentó en el imaginario colectivo una imagen muy concreta del dinosaurio: un reptil de piel escamosa, rugido atronador y fiereza desmedida. O, al menos, así son los que quieren comerte. Porque el tiempo y la ciencia han corregido esta visión, descubriendo que estas criaturas eran bastante más parecidas a pájaros que a dragones. Por ahí circula incluso un vídeo que reconstruye el supuesto graznido que emitiría un dinosaurio; nada que ver con el rugido que escuchamos en la película de Spielberg.
Treinta y tres años y seis películas de Parque Jurásico después, es fácil reconocer cierta fatiga de ese universo y, por extensión, de las criaturas que lo pueblan. Pocos han sido los blockbusters que han intentado resucitarlos (ahí estuvo el King Kong de Peter Jackson) y ninguno ha resultado satisfactorio… hasta ahora.

El final de Oak Street parte de una premisa tan absurda como potencialmente divertida: ¿qué pasaría si un bucólico vecindario estadounidense de los años setenta se teletransportase a la prehistoria y tuviese que lidiar con su fauna? Esta idea, tan deudora de antologías de ciencia ficción como The Twilight Zone, corre el riesgo de pasar desapercibida en taquilla en plena mala racha que atravesamos, pero lo cierto es que no habíamos estado tan cerca de Parque Jurásico desde la propia Parque Jurásico.

David Robert Mitchell apela al espectador nostálgico. Por momentos, uno podría pensar que está viendo una historia ambientada en el universo de Stranger Things por el clásico barrio estadounidense, los niños en bicicleta o la música en casetes. Hasta que unos destellos nocturnos dejan al vecindario sin luz y, a la mañana siguiente, llega la pequeña sorpresa: todos han viajado en el tiempo. En lugar de buscar una explicación a tal suceso, la historia se centra en el aquí y ahora, con una familia que trata de sobrevivir y mantenerse unida a pesar de no estar atravesando su mejor momento.
En este contexto, Mitchell presenta una familia idílica en plano general, pero llena de problemas en primer plano. El cineasta dedica tiempo a cada personaje, mostrando sus conflictos y plantando semillas que germinarán más adelante: el padre (Ewan McGregor) es un hombre optimista que prefiere evitar el conflicto antes que enfrentarse a él y salir herido; la madre (Anne Hathaway), en cambio, es una mujer pesimista que ahoga la frustración de su matrimonio en una novela que escribe a escondidas; y sus hijos (Maisy Stella y Christian Convery) son espectadores impotentes ante su inminente separación.
Todo esto se hace pequeño cuando hay un monstruo gigante en tu jardín. Existe, no obstante, espacio para el drama de personajes. El horror que se desata en el vecindario prende la chispa de las discusiones y, posteriormente, de la reconciliación. Esta situación, tan spielbergiana, da pie a una mezcla de géneros de lo más estimulante: por un lado, una aventura de supervivencia con toques de humor; por otro, el terror; y, por último, el drama familiar. Pero este cóctel tan apetitoso también tiene sus luces y sus sombras.

Las luces están muy claras desde el inicio: estamos ante una película muy bien dirigida. Es de sobra conocida la buena mano de Mitchell con el cine de género, y esta no es una excepción, por muy comercial que sea el proyecto en comparación con los anteriores. La sola decisión de alejarse del modelo clásico de dinosaurio y darles un aspecto más cercano al de un ave ya marca la diferencia, distanciándose de esa nostalgia que comentábamos al principio.
Pero la creatividad reside principalmente en la puesta en escena. Se aprecia desde los primeros compases, cuando Mitchell emplea un split diopter para mostrar visualmente el contraste entre lo externo –la vida del vecindario de cara a los demás– y lo interno –el drama del personaje de Anne Hathaway, el más complejo y, también, el mejor interpretado de todos–. Lo vemos también cuando los dinosaurios comienzan a acechar a los vecinos, con un uso exquisito del fuera de campo, y lo confirmamos, por enésima vez, con los momentos de terror y suspense. Son muchos, pero el protagonizado por una serpiente (por llamarlo de alguna manera) no dejará indiferente a nadie.

Las sombras, sin embargo, aparecen cuando toca escarbar un poco en el guion. La mayoría de las tramas y relaciones entre personajes que se plantean en el primer acto o bien se desarrollan de forma muy superficial en el resto del filme o directamente se omiten. ¿Quizá haya un montaje más extenso por ahí? Quién sabe, pero es una falta muy notable cuando todo gira en torno a los personajes.
Otro asunto más peliagudo es el tono. Mitchell juega con el contraste entre la aventura ligera y el drama, entre lo cómico –e incluso absurdo– y lo puramente trágico. De ahí surge una extraña ironía que atraviesa el último tercio de la película, después de un evento de gran magnitud que no revelaremos en esta crítica. Se produce entonces una lucha de tonos: el optimista –la aventura y la búsqueda de una solución al problema– y el pesimista –una tragedia irresoluble de gran impacto emocional–, representados equitativamente por los personajes de McGregor y Hathaway. Las decisiones de Mitchell en este último tramo dejan entrever cierto cinismo, con una mirada que roza incluso la burla hacia los acontecimientos de la película y que puede llegar a resultar incómoda.

En definitiva, El final de Oak Street no termina de ser redonda en su guion, pero ofrece una aproximación fresca al cine de dinosaurios y resulta un blockbuster más que digno. Otro más que sumar a este 2026.
NOTA: ★★★½
«EL FINAL DE OAK STREET», EN CINES ESTE VIERNES.
TRÁILER DE EL FINAL DE OAK STREET:
PÓSTER DE EL FINAL DE OAK STREET:

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