Crítica de ‘La boca del Diablo’ (‘The Devil’s Mouth’): Mucho ruido y poco tiburón.

Llevamos ya un par de mesecitos de temperaturas veraniegas y las plataformas de streaming lo saben. Así, Prime Video inaugura la temporada de terror marino protagonizado por escualos asesinos con La boca del diablo (The Devil’s Mouth), la nueva película de Jeff Wadlow (Verdad o reto), que se preveía como un bufé libre de carne cruda para un tiburón toro escondido en las profundas grutas de una isla tailandesa.
Esa es la premisa inicial del enésimo ejercicio de uno de los subgéneros más emblemáticos del cine de terror como es el de los tiburones homicidas. Steven Spielberg fue el encargado de dar el pistoletazo de salida a este con una de sus obras maestras, Tiburón (1975), que dio origen a una saga de secuelas con cada vez más ejemplares enfurecidos (Tiburón 2, de Jeannot Szwarc, en 1978; Tiburón 3, de Joe Alves, en 1983; y Tiburón: la venganza, de Joseph Sargent, en 1987), así como a una auténtica fiebre, dentro y fuera de las playas de todo el mundo, por las historias de terror marino y de determinados animales carnívoros como trasunto de las historias clásicas de monstruos (recordemos con cariño la saga Piraña, iniciada por el gran Joe Dante en 1978).

Consecuentemente, el éxito en taquilla de la propuesta de Spielberg, que revolucionó la industria y dio origen al blockbuster tal y como lo conocemos, propició toda una oleada de producciones de explotación que pretendían ordeñar las ubres del invento, ya fuera con pulpos y calamares gigantes o sacando partido del miedo atávico a zambullirse en la oscuridad de las profundidades marinas.

Obviamente, La boca del diablo no está –ni quiere estar– en la misma liga que la obra seminal de Spielberg, ni debemos medirla con el mismo rasero. El problema es que tampoco alcanza el nivel de muchos de los émulos que le siguieron, como Leviathan (1989), Deep Blue Sea (1999), El arrecife (2010), Infierno azul (2016) –mi favorita de todas– y A 47 metros (2017). Digamos, sin género de dudas, que La boca del diablo está a años luz de todas ellas como brújula para que el lector pueda hacerse una idea del lugar en el que nos encontramos.
Porque, al final, la película de Wadlow pretende ser algo más que un entretenimiento veraniego mediante la presentación (de 45 minutos frente a los 106 de duración del metraje) de un drama sobre la amistad entre un grupo de adolescentes que se reúnen para pasar unas vacaciones en la costa de Tailandia. Así, el guion de Aja Gabel (Sunny) y Myung Joh Wesner (Star Wars: Tripulación perdida) pretende construir un conflicto de peso en torno a la amistad entre los personajes interpretados por Kathryn Newton (Noche de bodas 2) y Lana Condor (A todos los chicos de los que me enamoré), y darle un trasfondo emocional que aporte «algo más» a la premisa inicial de un tiburón muy hambriento que sueña con merendarse al grupito. Spoiler: craso error.

Y es que La boca del diablo podría haber servido como un funcional blockbuster veraniego de terror, con monstruo incluido, como ya lo hizo Dangerous Animals el año pasado, un producto sin ningún tipo de ambición cinematográfica, pero que jugaba realmente bien con la premisa de terror para hacernos pasar un muy mal «buen» rato (en aquel caso, un carismático asesino en serie interpretado por Jai Courtney que disfrutaba lanzando a los tiburones a jovencitas desamparadas a las que había secuestrado, con un gusto por los tropos de la ozploitation que sabía muy rico).
En lugar de eso, la propuesta de Wadlow ofrece una introducción estirada y tediosa, en la que resulta imposible agarrarse a ninguno de los insufribles personajes (el tono camp de la propuesta se desquicia en exceso al no presentar un mínimo de desarrollo que vaya más allá de valorarlos como adolescentes idiotas con mucho dinero), que dará paso a las ya manidas secuencias de conflicto en grupo y de escasa pericia en la supervivencia, solo que con un ejercicio muy timorato del gore y la violencia que desata el tiburón.

Desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico, la película no presenta ideas relevantes respecto al uso de los recursos visuales, más allá de dos secuencias interesantes que se producen en las cuevas. Por un lado, está el juego con la luz en la oscuridad y el movimiento de los personajes en el agua estancada de una de las cuevas, y por otro, la forma en que la cinta resuelve visualmente el peligro que acecha al personaje de Newton, que recuerda mucho a la resolución de Infierno azul, todo sea dicho.
El problema es que, aun así, el film no es capaz de aprovechar estos recursos para crear secuencias interesantes que queden en el recuerdo del espectador más entregado y que jueguen a favor de los ataques del tiburón. En este sentido, la sensación que transmite la cinta es la de ir muy justa de presupuesto, hasta el punto de no poder jugar con la idea de introducir a los personajes en un espacio cerrado y sinuoso junto con una amenaza tan peligrosa.

En definitiva, La boca del diablo solo resultará recomendable para los incondicionales de este tipo de cine de terror que necesiten tachar otro título de la lista.
NOTA: ★★☆☆☆
«LA BOCA DEL DIABLO», DISPONIBLE EN PRIME VIDEO.
TRÁILER DE LA BOCA DEL DIABLO:
PÓSTER DE LA BOCA DEL DIABLO:

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