Patrick Criado, actor de ‘Una familia’: «Si hay algo que Pedro Almodóvar y Ricardo Gómez tienen en común es su amor por el cine».
La ópera prima de Ricardo Gómez se presenta en la Seminci.

Durante años, Ricardo Gómez creció delante de la cámara como el Carlitos de Cuéntame cómo pasó, y ahora inicia una nueva etapa de crecimiento detrás de ella. Lo hace con Una familia, su debut como director, que se presenta en la Seminci antes de llegar a los cines el 19 de febrero de 2027 de la mano de Filmax.
Para su ópera prima, el actor, ahora también director, ha formado su propia familia. La integran Claudia Traisac, Ana Wagener y otro rostro al que, como a él, el público vio crecer en televisión: Patrick Criado, el Nuño de Santillana de Águila Roja, convertido hoy en uno de los actores más solicitados de su generación. Tras un año en el que lo hemos visto a las órdenes del cineasta manchego que no necesita presentación, le toca ponerse en la piel de Enrique, un preso que sale de la cárcel con un permiso y se reencuentra con todo lo que dejó atrás.
Con él charlamos en Valladolid de lo que separa, y de lo mucho que une, a quien lleva veintitantas películas y a quien acaba de firmar la primera. También del vértigo de rodar planos tan largos en formato analógico y de una anécdota que retrata como pocas el ambiente que se respiró durante el rodaje. Durante semanas se escondió para que el pequeño Víctor Lite, un niño de diez años que se estrena en el cine, no le viera antes de la escena en la que por fin se encuentran. Todos esperaban lágrimas, pero la reacción del niño al verlo fue muy distinta.
![Crítica de ‘Una familia’ [71Seminci]: Claudia Traisac deslumbra en el ambicioso debut como director de Ricardo Gómez.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/10/una-familia-2026-critica.webp)
Jesús Casas: Este 2026 has trabajado con un director histórico como Pedro Almodóvar y ahora estrenas en la Seminci la película de un director novel, Ricardo Gómez. ¿Qué diferencias hay entre trabajar con una figura y con otra?
Patrick Criado: Muy buena pregunta. Creo que lo bonito es que cada uno de ellos me dejara formar parte de su película [sonríe].
En el caso de Ricardo, la historia tiene tintes autobiográficos que implican mucha exposición y vulnerabilidad, algo que estoy viendo ahora durante la promoción. Él la vive como algo muy suyo, muy único, y eso me hace sentir cierta responsabilidad.
Además, son directores muy diferentes. Pedro tiene muy claro cómo debe sonar su película y te dirige en función del tono que esta necesita. Ricardo, en cambio, te hace preguntas sobre aquello que el personaje está ocultando y te hace destrozar su máscara para luego volver a construirla.
Estos son procesos distintos, pero si algo tienen en común Pedro y Ricardo es su amor por el cine, y eso es maravilloso. Estar en un set con Pedro y ver cómo sonríe mientras te da indicaciones o dirige a otros compañeros y compañeras te hace pensar: «Guau, lleva veintitantas películas y todavía se emociona».
Me siento un privilegiado por poder trabajar con gente que lleva tantos años dedicándose al cine y que mantiene la ilusión y la emoción por lo que hace. Hay que reivindicar hacer las cosas con pasión; los dos directores la tienen y trabajar así es un regalo.

J. C.: Tu personaje en Amarga Navidad es mucho más extrovertido y, por tanto, contrasta mucho con el de Una familia. ¿Qué retos te ha planteado este último, tan introspectivo, que tiene que contar un pasado solo con la mirada?
P. C.: La clave para entender a este personaje fue visitar la prisión de Soto del Real. Allí entendí el color gris de la vida en la cárcel, porque todo era negro: eran sollozos, paseos por un patio, tristeza y culpa. Pudimos hablar con presos, y lo que más nos transmitían era, precisamente, esa culpa por aquellos a los que dejan fuera lidiando con sus problemas y sus errores.
Es lo que le ocurre a Enrique, que deja fuera a una madre con una relación muy compleja con su padre. Por eso, el día que sale de prisión, queda patente la fractura de esa relación disfuncional entre mujer, marido y, por ende, Enrique.
Con él trabajamos desde el silencio de una persona que ha tenido que callar tanto, y desde ese pasado al que sigue aferrado a través de su barrio, de sus gentes, de su amigo Jairo, de su propia madre y de todos aquellos que le persiguen. Todo ello es una metáfora de lo que nunca va a poder dejar atrás. Y eso le ha pasado y le pasa a mucha gente que, por falta de herramientas, no consigue superar lo que le ocurre y acaba cometiendo los mismos errores, sin poder ser libre ni avanzar.
J. C.: Quiero pasar ahora de los grises y negros de la prisión a la colorimetría, a los diferentes formatos y a la forma tan particular en la que Ricardo ha rodado la película. Un ejemplo de ello es la decisión de rodar largas tomas sin cortes, que ponen a prueba a los actores. ¿Cómo afecta esto a tu trabajo?
P. C.: Es interesante cómo los formatos cuentan la propia historia de Una familia. Para mi personaje, Enrique, Ricardo eligió un formato más clásico, panorámico, porque es alguien que vuelve a nacer el día que sale de la cárcel y se reencuentra con todo lo que había dejado atrás. Con el de Claudia [Traisac] ocurre todo lo contrario: es una persona encerrada en su vida, en un día que se la cambia para siempre, así que para ella se eligió el 4:3. Rodar así ha sido bonito, porque desde el principio te hacía entender de dónde partía cada personaje.
En cuanto al plano largo, que es muy interesante, ahí sí hay una conexión entre Pedro Almodóvar y Ricardo Gómez. Lo bonito de este tipo de plano es que, si todo funciona, no puedes despegar la mirada, pero, para que funcione, hay que trabajarlo y ensayarlo mucho, y cada uno tiene que tener claras las nociones y lo que se quiere contar.
¡Imagínate! ¡Planos largos y, encima, en formato analógico! No había margen de error, porque en cada toma se nos iba medio rollo y apenas había posibilidades de repetir. Eso obliga a que todo esté preparado y muy medido, y te pone en un estado de nerviosismo y emoción. Pero ha sido todo un acierto de Ricardo por la textura y el color tan especiales que le da a la película, que evocan el cine más clásico.

J. C.: Tanto tú como Ricardo fuisteis figuras precoces, igual que Víctor Lite, el actor debutante que también trabaja en esta película. ¿Has podido hablar con él y darle algún consejo desde tu experiencia?
P. C.: Curiosamente, con Víctor no tuve trato, porque Ricardo no quería que nos cruzáramos. De hecho, solo nos vimos una vez, en la secuencia en la que él me ve por primera vez. Todo, incluida la preparación, se hizo muy a escondidas para que no me viera, porque pensábamos que, cuando por fin lo hiciera, el niño iba a llorar, iba a flipar. Así que yo andaba siempre escondido, metido detrás del combo, hasta cuando me tomaba el café.
Todos estábamos pendientes de su reacción y, al final, cuando me vio, se partió el culo [suelta una carcajada]. Es curioso cómo los niños tienen algo tan espontáneo, real y auténtico que acaba convirtiéndose en una verdad arrolladora en plano. Y fue tan bonito ver cómo Ricardo, que ha sido niño actor, jugaba con ellos en el set, igual que un día jugaron con él, y cómo los llevaba a diferentes terrenos de la interpretación a través del juego.
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