Crítica de ‘Sus hijos’: Pablo Trapero y un reparto magnífico brillan en este drama sobre el legado, el dolor y el amor.

El narrador sospechoso o poco fiable es una de las figuras más interesantes de un relato precisamente por la consistencia, o no, de aquello que cuenta al espectador. El sesgo personal con el que aborda cada uno de los hechos relatados, su falta de neutralidad y la incongruencia de las diferentes afirmaciones a lo largo de una obra convierten a este narrador en un ente ambiguo que exige la mayor atención y capacidad de duda al receptor de la historia, ya sea en un canal escrito o visual. Este es el vehículo, no el tema, sobre el que el director argentino Pablo Trapero apoya su debut en el largometraje de habla no inglesa, tras haber obtenido el éxito profesional en lengua castellana con películas como Carancho (2010), Elefante blanco (2012) o El clan (2015).
En esta primera incursión, ha contado con una inmejorable compañera en la escritura de un guion que adapta la novela homónima en la que se basa Sus hijos, escrita en 2013 por David Gilbert: la oscarizada por Ellas hablan (2022), Sarah Polley. Esta escritura a cuatro manos valió al tándem Trapero y Polley el Premio al Mejor Guion del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, además de una buena acogida por parte de la crítica en su premiere mundial en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF).

La adaptación de & Sons, título original, traslada la trama de Nueva York a un lugar indeterminado de la campiña británica, donde se sitúa la enorme mansión en la que reside un anciano escritor que vive de las rentas, lleva más de veinte años sin garabatear una sola letra y ha sustituido la escritura por el abuso ingente de alcohol y analgésicos, mientras deambula por su propia cárcel de mármol, repleta de todas sus inseguridades, traumas y consecuencias emocionales de sus decisiones pasadas.
Además de pilares de libros, una motocicleta y cualquier objeto que el lector de esta crítica pueda imaginar en torno a una habitación, el personaje interpretado por el gran Bill Nighy (Living) convive con su hijo adolescente de homónimo nombre y gran parecido físico, y con lo que aparenta ser una sirvienta o ama de llaves. La muerte de un compañero de profesión hace que el viejo Andrew mire a la muerte a los ojos y decida convocar a sus dos hijos mayores, Richard y Jamie, con los que no tiene relación alguna desde el divorcio de la madre, para trasladarles una noticia que dará la vuelta a la premisa de la película.

Pese a que no toda la película está narrada desde el punto de vista de Andrew Dyer, son sus impulsos y decisiones los que marcan el nexo emocional de toda la familia. El guion es inteligente al ponerse al servicio de un personaje desequilibrado psicológicamente, narcisista, cuyo mayor logro en la vida ha sido alimentar su ego como autor de éxito literario. De esta forma, la duda sobrevolará al espectador y a los personajes durante todo el metraje, balanceándose entre creer a un personaje que parece decir la verdad o vislumbrar otro síntoma más de egocentrismo y de un legado autoral exacerbado.
El giro en sí puede llegar a sacar al espectador del puro drama familiar, pero, más lejos de la realidad, es el núcleo en torno al que gira la película, desde el dolor causado, el amor perdido y ciertas dosis de humor negro que hacen que la película tome tierra y siga siendo plausible pese a acercarse a la ciencia ficción.
La forma en que Polley y Trapero escriben y definen a los personajes no solo es un aspecto narrativo del film, sino que también aporta un bagaje y construye un pasado sin necesidad explícita de dialogarlo. Richard, encarnado por Johnny Flynn (Emma), vive en Estados Unidos intentando vender guiones en Hollywood, pero no es capaz de separarse de la enorme sombra de su progenitor. El otro hijo biológico del matrimonio, Jamie, al que da vida George Mackay (Rose of Nevada), se dedica a grabar el sufrimiento humano en situaciones de extrema delicadeza, apuntando en una escena sutil a la muerte por enfermedad de su mujer. Por último, Andy, en la piel de Noah Jupe (Hamnet), es el único hijo que es solo de Andrew y fruto de un pasado borroso que desembocó en divorcio. Este duerme en la antigua habitación de su padre, viste su misma ropa y en él tiene puestas todas las expectativas de éxito artístico que su padre rozó y nunca alcanzó.

Si Trapero está bien arropado en el libreto anglosajón, no lo es menos en el reparto. La gramática cinematográfica de planos largos, como el plano secuencia con el que comienza la película, y la composición de espacios a través del movimiento y la posición de los personajes se refuerza con unas interpretaciones brillantes a cargo de todo el reparto, encabezado por Nighy, que a sus 76 años alcanza una profundidad y un calado en todas sus interpretaciones al alcance de muy pocos actores en el panorama cinematográfico.

El tándem de hermanos que forman Flynn, el hijo mayor con un pasado alcohólico, drogadicto y suicida a causa del abandono de su padre, y Mackay, que siempre está captando el dolor desde la distancia –ejemplo de esto es la primera escena de reencuentro con su padre, mostrada a través de la pantalla de la videocámara de Jamie–, es una muestra del único legado que dejó su padre antes de divorciarse y formar una familia llena de grietas. Jupe, por su parte, tiene una posición diferente como hijo posterior al matrimonio, y su actuación destaca por la verosimilitud física y de movimientos con su padre, dando así sentido al juego de sospechas que propone el giro de Sus hijos.
Imelda Staunton (The Crown) es la exmujer y madre de los dos hijos mayores del matrimonio y, lejos de ser un elemento disruptor del reencuentro, ejerce de argamasa emocional para el drama y para que el espectador mantenga la duda sobre la veracidad del giro hasta los últimos segundos de la película.

Pablo Trapero destaca con nota en su primer examen en el largometraje rodado puramente en habla inglesa, apoyándose en la solidez y flema británicas de un reparto en estado de gracia durante toda la película. Sus hijos se desmarca de la zona común del drama familiar y eleva su propuesta a través del excelente manejo, por parte del cineasta argentino, de las herramientas del lenguaje cinematográfico para explorar el legado, el dolor y, sobre todo, el amor.
NOTA: ★★★★☆
«SUS HIJOS», ESTRENO MAÑANA EN CINES.
TRÁILER DE SUS HIJOS:
PÓSTER DE SUS HIJOS:

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