Sandra Sánchez, directora de ‘A nadadora’: «La adolescencia es el momento de quitarse las máscaras y aceptar lo que somos».
La cineasta gallega estrena en la 71.ª Seminci su primera película de ficción.

Sandra Sánchez es una cineasta gallega, nacida en Narón, que ha desarrollado su carrera como directora y montadora de producciones tanto de ficción como documentales. En 2011, tras varios años trabajando en el cortometraje, presentó en la sección New Directors del Festival de San Sebastián su primer largometraje documental, Tralas luces.
En esta 71.ª edición de la Seminci presenta su ópera prima, en este caso de ficción, una historia de legado y trauma ligada directamente a la trágica epidemia de heroína que asoló la Costa da Morte y que golpeó, directa o indirectamente, a tantas familias.
Con una película que dialoga con el cine de Carla Simón –pensando en Romería– o con el lado onírico de Andrea Arnold (Bird), Sandra Sánchez atiende a mundoCine mientras se proyecta el segundo pase mundial de A nadadora en la Semana Internacional de Cine de Valladolid para, como su protagonista, desentrañar los secretos de esta producción.
![Crítica de ‘A nadadora’ [71Seminci]: Donde habita el olvido.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/10/a-nadadora-2026-critica.webp)
Jesús Casas: Hay un cortometraje previo a esta película, A nena azul. ¿De dónde sale el impulso de A nadadora y qué relación tiene con esa obra anterior?
Sandra Sánchez: En realidad fue al revés: antes de rodar A nena azul ya existía el proyecto de A nadadora. El cortometraje surge en un momento en el que estaba buscando aliados y productoras para sacar adelante el largometraje, y pensé que quizá podía hacer un corto para que el proyecto llegara a más gente. Lo que hice fue una pequeña variación que, al final, tal y como fue avanzando todo, no tenía mucho que ver con la sinopsis del largometraje, aunque sí que había una idea común.
En cuanto al origen de A nadadora… ¡uf!, es muy difícil saber cuál fue exactamente. Son un montón de cosas, entre lecturas que uno hace y experiencias vividas. Pero había algo que tenía muy claro: quería hablar de los años noventa en Galicia. Es una época que me tocó vivir, en la que hubo muchas víctimas colaterales de aquella epidemia de heroína, lo que en Galicia se llamó «la generación perdida», y que golpeó, sobre todo, a los pueblos pequeños. A todos los gallegos que vivimos aquella época nos marcó de alguna manera, así que siempre tuve la necesidad de hablar cinematográficamente de aquel momento, y de hacerlo desde el punto de vista de los hijos de esa generación, que han sido víctimas tardías de aquella epidemia.
Además, me fascinan la Costa da Morte y el mar. Hace años, por mi trabajo como documentalista, tuve muchísimo contacto con gente que trabajaba en el mar, para hacer algunas piezas documentales sobre su labor. Las personas que viven y tienen el mar como sustento son de otra pasta.
Todo esto estaba de raíz, pero hizo clic en mi cabeza el día que leí el relato de Joseph Conrad El copartícipe secreto. No tiene mucho que ver, ya que es la historia de un capitán de barco que dirige a una tripulación de hombres en los mares del sur, pero emerge una figura que me evocó a la nadadora de la película.

J.C.: Fíjate, con la referencia a Conrad mi mente ha viajado a La línea de sombra, otro libro muy afín en cuanto a la historia iniciática. Y eso casa bien con cómo enfocas todo lo que tiene que ver con la epidemia de la droga y la Costa da Morte, que se acerca a la tradición literaria gallega de lo fantástico y del realismo mágico, como la de Álvaro Cunqueiro.
S.S.: Tiene algo que ver con el realismo mágico, pero no la relaciono tanto con ese género como con un tipo de fantástico. En el realismo mágico, lo extraordinario está asumido por todos, mientras que en A nadadora lo extraño, lo misterioso o lo extraordinario es algo que percibe la protagonista y que tiene que ver con su mundo sensorial. Incluso te diría que ese misterio llega a ser rechazado.
A nadadora bordea el género fantástico. Hay una parte muy psicológica, que puede tener una explicación racional, y otra que tiene más que ver con lo inexplicable. Ahí es donde entra el tratamiento cinematográfico desde lo simbólico y la metáfora, herramientas que se alejan de la literalidad.
Tenía ganas de contar esta historia y de aproximarme a este territorio y a esta época desde el realismo, pero, a medida que la historia avanza junto a la protagonista, el viaje se va haciendo mucho más psicológico: entra en territorios más confusos y, a la vez, se vuelve un viaje más sensorial.
J.C.: Es interesante lo que comentas, porque la incertidumbre de la protagonista también hace dudar al espectador, que acompaña a Nico en ese viaje.
S.S.: Jugar con la realidad, o con la no realidad, es algo que hicimos de manera orgánica. Quería hablar de las cargas familiares, del proceso de búsqueda de identidad de la protagonista y, también, de lo que es ser adolescente en este contexto. ¡Quería hablar de muchas cosas! [Sonríe].
Pienso que la adolescencia es una etapa esencial de la vida, porque es el momento en el que nos estamos construyendo a nosotros mismos: toca quitarse las máscaras y aceptar lo que somos, que es algo muy difícil. Eso es lo que le ocurre a Nico.
Pese a ese simbolismo que te comento, sí creo que hay una trama muy narrativa y sencilla de seguir: el deseo de Nico de salir del pueblo. A partir de ahí, hay otros elementos con los que he ido jugando.
J.C.: Entrando en el aspecto formal y conectando con la 71.ª Seminci, esta edición ha estado dedicada al sonido en el cine. A nadadora apuesta, a diferentes niveles, por un sonido físico, sensorial y psicológico para expresar lo que siente Nico.
S.S.: Le hemos dado mucha importancia al tratamiento del sonido y a la construcción sonora. Además, he tenido muchísima suerte, porque han estado a mi lado dos personas esenciales en este sentido: Mercedes Peón, la compositora de la banda sonora, y Diego Staub, en el diseño sonoro.
Ha ocurrido algo muy inusual, y es que han hecho un trabajo muy de conjunto. Lo más habitual es que el músico trabaje por su lado y el diseñador de sonido por otro, y que después se encuentren en algunos momentos. En este caso, la colaboración ha sido absoluta. Hay elementos que se mezclan porque ellos han decidido que así sea. Han trabajado desde la generosidad más absoluta; por ejemplo, la compositora incorporaba cosas que hacía Diego y que le parecían muy ricas para la banda sonora.
Hemos formado un tándem fantástico, muy bonito, que ha trabajado para generar texturas sonoras que lleven al espectador a algo muy sensorial: a los distintos estados emocionales de la protagonista o a sus propias alteraciones de conciencia. Creo que esa labor eleva la película a otro lugar y, a la vez, la aleja de un retrato social al uso.
J.C.: Y si hablamos del espacio sonoro, es imposible no hablar de los espacios físicos. En la película otorgas un valor narrativo y expresivo distinto al mar, a la casa de los tíos donde vive Nico o a ese chamizo donde tiene su primer encuentro con la nadadora. ¿De qué manera los estructuraste y los pensaste?
S.S.: Es otro de los elementos que más trabajamos, y te agradezco que lo menciones: es de esas cosas que, cuando trabajas, agradeces que el público las sienta.
Le he dado mucha importancia al contraste entre los espacios exteriores y los interiores. Los exteriores, aunque sean de una gran belleza, no son nada liberadores: son de una dureza agreste, violentos y nada acogedores. Hay un trabajo muy grande de fotografía y de luz para buscar los tonos plomizos del invierno de la Costa da Morte.
Los interiores, en cambio, queríamos que tuvieran una connotación claustrofóbica, casi laberíntica, si me permites decirlo. Son espacios donde Nico se siente atrapada, como un animal enjaulado. Nico está siempre en movimiento sin encontrar una salida. De hecho, se mueve por el pueblo durante toda la película en una moto, hasta un momento determinado en el que decide abandonar también ese vehículo, esa forma de movimiento errante, y dejar todo atrás de alguna manera.

J.C.: La sensación, mientras uno ve la película y al terminarla, es que el guion sabe muy bien hacia dónde quiere ir.
S.S.: El proceso de escritura del guion llevó muchos años. Pasaron por él distintos coguionistas: al principio, Ángeles Huerta y la argentina Ana Piterbarg. Las dos son directoras de cine, así que por entonces éramos tres cineastas con una mirada más de directoras que de guionistas. En esa etapa trabajamos mucho el argumento, pero lo dejamos porque sentía que habíamos llegado a un punto de bloqueo.
Tiempo después, cuando se incorporó al equipo Daniel D. García, que sí es guionista profesional de origen, le dimos una vuelta a ese guion tan complejo y con tantas capas. Fue un proceso muy duro, pero aprendí mucho de él.
Estoy muy contenta porque creo que se nota el trabajo que hicimos sobre el guion. Hay preguntas que quedan abiertas y que dejan insatisfechas a algunas personas por no tener respuesta, pero a mí me gusta dejar esas preguntas en el aire para que sea el espectador quien busque las respuestas.
J.C.: Quería hablar ahora de Nuria López, una intérprete que debuta como protagonista en A nadadora. Es el personaje del que nunca se separa el punto de vista y que, por tanto, debe sostener la película en todo momento. ¿Cómo llegaste a ella?
S.S.: No sé cómo expresar lo que ha sido trabajar con Nuria, porque superó todas mis expectativas. Estaba muy preocupada por encontrar a la protagonista porque, como has dicho, está en todas y cada una de las secuencias de la película y tiene un viaje emocional muy fuerte. Teníamos que encontrar a una chica capaz de hacer eso y que, además, hablara gallego, porque para mí era muy importante cuidarlo; y, en concreto, el gallego de la Costa da Morte, que es muy particular dentro de Galicia.
Fue todo un reto. Estaba muy preocupada por si no aparecía ese perfil, porque, a priori, no existía una actriz protagonista con esas características. Con la ayuda de la directora de casting de la película, hicimos un casting a más de 300 chicas para encontrarla. En cuanto apareció Nuria, lo vimos: la directora de casting me dijo que había estado muy bien y, en la segunda prueba, no tuve ninguna duda de que tenía que ser ella.
La aparición de Nuria López fue mágica, porque ya no veía a otra en el papel. Algo muy bonito de ella es precisamente que tiene mucha energía, pero que, por dentro, también sabe expresar vulnerabilidad.
Fue muy fácil trabajar con ella. Hicimos muchos ensayos para que se fuera soltando, también junto a los actores profesionales, que la ayudaron mucho a sacar todo lo que tenía dentro. Una vez en el rodaje, se metió en el papel, lo dio todo y me sorprendió muchísimo.

J.C.: La película se ha estrenado en la 71.ª Seminci, una edición muy especial tras el fallecimiento de José Luis Cienfuegos. ¿Qué significa para ti presentar tu película en este festival?
S.S.: Ayer tuvimos el primer pase y salimos muy contentas: el público recibió la película con calidez y mucho cariño. Para mí es un honor presentar mi primer largometraje de ficción como directora en la Seminci, y todo un orgullo que la película esté aquí después de tanto tiempo de trabajo, con un equipo tan implicado como el de A nadadora. Ahora, a esperar cuál va a ser su recorrido de aquí en adelante.
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