Crítica de ‘Dao’ [71Seminci]: Celebración de la vida, la muerte y la identidad.

En la filosofía oriental, Dao hace referencia al «movimiento perpetuo y circular que fluye en todo y une al mundo». Gira en torno a este concepto la idea de la última película del cineasta franco-senegalés Alain Gomis (Félicité), hasta el punto de otorgarle un título homónimo. No es esta la única conexión personal en la matriz creativa de una de las competidoras por la Espiga de Oro de la 71.ª edición de la Seminci, tras hacer lo propio en el primer gran expositor de cine europeo del año natural, la Berlinale. La semilla de unir artísticamente dos celebraciones comunitarias aparentemente antagónicas, una boda y un ritual funerario en dos continentes alejados ideológica y culturalmente entre sí, como son Europa y África, es la asistencia del propio director a un enlace matrimonial.
En un contexto de profunda reflexión y crisis migratoria como en el que se encuentran los países occidentales los países occidentales, con la amenaza del auge de los extremismos nacionalistas en muchos de ellos, Dao es la voz libre de los descendientes de primera generación de aquellos que emprendieron el éxodo desde el territorio africano para encontrar un nuevo hogar, en este caso, en el país galo. Uno de los grandes valores de la película es, precisamente, la inserción del cast real de aquellos intérpretes no profesionales a los que Gomis entrevistó y a los que dio libertad total para construir los roles de los personajes en su película, evitando hacer una reflexión externalizada de las situaciones que acontecen en las comunidades migrantes y trasladando la voz a quienes viven y sufren sus consecuencias en primera persona.
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Pese a que Dao es una cinta imperceptible sin extender la mirada a todos los miembros de las comunidades de un hemisferio y su contrario, Gloria y Nour, madre e hija, son el arranque narrativo de la historia cuando viajan a Guinea-Bissau para reencontrarse con sus antepasados y celebrar el rito funerario tradicional en homenaje al ascendiente directo de Gloria, recientemente fallecido. A medida que Gloria presenta a su hija al resto de los familiares que aún viven en esta tribu africana, la celebración fúnebre se conecta, tanto narrativa como visualmente, con el próximo matrimonio que contraerá Nour en Francia y al que algunos de estos oriundos guineanos acudirán.

Cabe destacar en primera instancia la coherente decisión estructural de un título que evoca la relación universal del todo –y todos– de realizar un trabajo de ficción que se acerca visualmente al fondo documental. En primer lugar, por la elección de gran parte del reparto de actores no profesionales, algunos de ellos familiares directos de Gomis, y por llevar a la interpretación naturalista e improvisada a aquellos profesionales, ejemplo de ello es Samir Guesmi (Distrito 13).
Siguiendo la apuesta por desdibujar las líneas que separan lo real de la ficción mediante una suerte de docudrama, el formato es panorámico cuando alterna en el montaje entre ambas tradiciones ceremoniales y cierra el encuadre cuando aparecen en pantalla los propios intérpretes hablando directamente a cámara sobre los hechos que han constituido su vida o la de su familia, o cuando los guineanos cuentan la historia del colonialismo y la esclavitud que sufrió esta región del oeste de África.
El montaje paralelo de las costumbres de cada una de las comunidades, con una misma raíz cultural y religiosa pero en puntos geográficos alejados, aporta riqueza a la película como archivo fílmico humanístico, social e historiográfico. Pese a que Gomis se ve obligado a alterar el tiempo en el montaje, ya que la historia en Guinea transcurre en un período de 72 horas, mientras que la boda en Francia parece hacerlo en 24, no pierde potencia narrativa la manera en que consigue equiparar el concepto de celebración entre el enlace de una pareja joven en suelo occidental y la conmemoración de una muerte y el honor a un antepasado en Guinea, un hecho antitético con la visión generalista en Europa de un funeral.

Aunque el cineasta franco-senegalés pierde la oportunidad de hacer más comercial su propuesta con un metraje de 185 minutos 185 minutos que no se justifica por la reiteración de ritos, bailes y situaciones ceremoniales que se repiten más de lo deseado, lo que hace que el interés y el ritmo se diluyan en ciertos momentos, sí que logra establecer un asidero en forma de personaje, el interpretado por la actriz no profesional Katy Correa, Gloria en la película.
Al contrario que su hija, esta madre sí se ha movido físicamente entre ambos territorios y ahora es la descendiente directa del funeral guineano y la primera ascendiente de la prometida en el matrimonio en suelo europeo. Correa está dirigida con acierto e impulsa su personaje desde la observación y el silencio. No son demasiadas las ocasiones en las que explicita sus sentimientos o emociones de manera verbal y, cuando lo hace, es para resolver asuntos pendientes tanto a un lado como al otro del ecuador.
![Crítica de ‘Salvación’ (‘Kurtulus’) [71Seminci]: Terrorífico relato sobre fanatismo con un magistral Caner Cindoruk.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/10/salvacion-kurtulus-2026-critica.webp)
Al igual que el personaje de Gloria es el recipiente de todas las transversalidades culturales, regionales, sociales o religiosas del proceso migratorio, todos los miembros de las comunidades que aparecen en la película están atravesados por sus decisiones personales, tomadas desde una ideología tradicional y costumbrista o, por el contrario, alineada con una mente colmena como la occidental. A todos ellos les acompaña una decisión narrativa, formal y técnica: la improvisación y la libertad interpretativa y cinematográfica, a la que se suma, también, la decisión de que la banda sonora extradiegética de la película provenga de la raíz más orgánicamente libre de la música, el jazz.

Siente uno cierta contradicción cuando ve el potencial de la propuesta cinematográfica de la que nace Dao y cómo acaba alargándose en exceso durante el metraje, hasta el punto de quedar reducida a una película con momentos de alta conexión cultural entre ambas comunidades y otros de una reiteración injustificable. De igual modo, la nueva película del cineasta franco-senegalés entra a formar parte de aquellas que, en un contexto geopolítico como el actual, invitan a su visionado y reflexión.
NOTA: ★★★☆☆
«DAO» SE PROYECTA EN LA SEMINCI Y SE ESTRENA PRÓXIMAMENTE EN CINES.
TRÁILER DE DAO:
PÓSTER DE DAO:

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