Crítica de ‘Hermanas’ [71Seminci]: Contundente y preciso debut de Ione Hernández en el largometraje de ficción.

En 1970, Theo Angelopoulos reflexionó en su ópera prima, Reconstrucción, sobre la imposibilidad de establecer certezas matemáticas sobre lo que ocurre en la intimidad del hogar entre dos personas. Enfocada desde el punto de vista de la investigación policial, pese a que presenta los hechos objetivables y las diferentes hipótesis con las que concluye la minuciosa investigación, la duda sobre si realmente ocurrió una cosa u otra no abandona al espectador una vez finalizado su estático e impactante plano final. Desde otra perspectiva, en este caso social, abordan la incertidumbre en torno al abuso infantil dos películas alejadas por décadas, pero vinculadas argumentalmente. Tanto La calumnia (1961), dirigida por William Wyler y protagonizada por Audrey Hepburn y Shirley MacLaine, que ofrecen dos de las mejores interpretaciones de sus carreras, como La caza, de Thomas Vinterberg, medio siglo después, ponen la atención en cómo la acusación de una menor afecta de manera directa a las relaciones familiares y comunitarias de los protagonistas.
La cineasta vasca Ione Hernández se embarca en esta tradición narrativa que no pone el foco en el hipotético delito, sino en las consecuencias emocionales que este tiene en el entorno familiar y afectivo. Debutante en el largometraje de ficción tras su ópera prima en el documental en 2007 con Uno por ciento, esquizofrenia, Hernández presenta en nuestro país Hermanas como parte de la Sección Oficial de la 71.ª edición de la Seminci, antes de su estreno en salas comerciales de la mano de Elastica Films el próximo 27 de noviembre.
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Como su propio nombre indica, aunque el espectador descubrirá que no solo hace referencia a sus dos protagonistas, Hermanas presenta a Chelo, Marta y sus respectivas familias, que se reúnen para celebrar la mayoría de edad de Lucas, hijo de la segunda, en la casa junto a la playa de la primera. Tras la comida de concordia, en la que ambos núcleos familiares se unen frente a la mesa y confrontan ciertos conflictos internos, los adolescentes se marchan a la playa para seguir con la celebración off-topic, a la que acompaña la menor de todos los primos, Sofía, de apenas trece años. En una estimulante noche de verano, regada de alcohol y drogas, algo ocurre a la mañana siguiente, cuando Sofía se presenta en el cuarto de Chelo para informar de que su primo ha abusado de ella. Esta denuncia abrirá la caja de Pandora que guardaba viejas rencillas entre hermanas y cambiará por completo las relaciones afectivas entre todos los miembros de esta familia.

La solvencia y solidez tanto de Ione Hernández en la dirección como en la escritura del guion de Hermanas es profundamente inusual para una ópera prima de ficción, en comparación con lo que estamos acostumbrados. La estructura interna de la película sostiene todos los vaivenes narrativos con los que la trama incomodará al espectador, siendo el primero de ellos el gran conflicto dramático: la acusación y denuncia formal por agresión sexual que la madre de Sofía impone a su sobrino Lucas. No es lo mismo enfocar un aspecto así desde la ambigüedad que desde la duda narrativa, y es esta última la que genera el terremoto de consecuencias que golpea directamente a toda la familia. Para Hernández, no es tan importante desenmarañar qué ocurrió en ese cuarto entre una menor y su primo mayor de edad, sino las posiciones y decisiones morales y éticas que toman los allegados y cómo esto transforma la familia.
Y el libreto es muy inteligente aquí, porque hubiera sido denodadamente fácil entregar al público una fractura total que destroce a cada uno de sus componentes, pero, más allá de esto, el propio hecho repercute en las relaciones de los personajes de diferente manera, incluso uniendo los fragmentos de algo que parecía roto. Es el caso de Chelo y su marido, que antes del acontecimiento explicitan mediante el diálogo que duermen separados y a los que la fotografía y composición visual también expulsa el uno del otro, bien a través de verticales, desniveles o, directamente, en planos y contraplanos diferentes. Lo que parece imposible se va haciendo plausible a medida que el caso sigue adelante y la familia de Chelo se une, no sin fisuras previas, hasta reencontrarse en su domicilio habitual en torno a la cordialidad de una mesa rutinaria.

La construcción de los espacios que cohabitan los personajes, centrémonos ahora en las almodovarianas Emma Suárez (Julieta) y Elena Anaya (La piel que habito), es un elemento indispensable para representar su situación emocional en la película debut de Ione Hernández. Acompaña y refuerza esto un secreto que la película apunta y que es inherente al pasado del personaje de Elena Anaya, pero que afecta al de su hermana en la ficción. Hermanas no solo es un retrato de la gestión del trauma; también es un reflejo de cómo la sociedad ha avanzado y de que el silencio, aunque esté basado en el amor más profundo, no es una opción en un abuso sexual. Hay personajes, véase el de la hermana mayor de Sofía, Nora Otxoteko (Pioneras: Solo querían jugar), que son un claro ejemplo de evolución social en el sentido moral, desde el estereotipo conservador de la cancelación por cuestiones superficiales hasta la comprensión profunda de un acto terrible al que la joven alcanza a través de la gran interpretación revelación de la película.

Suárez y Anaya son los pilares que soportan todo el peso emocional de la familia como estructura que se tambalea ante el impacto de la acusación sexual. Esto también se somete a un proceso de evolución, ya que los primeros compases de la película son mucho más superficiales e irregulares interpretativamente que en sus dos segundos actos, donde ambas ofrecen un duelo interpretativo fraternal del que hacen partícipe al espectador hasta una última secuencia final que deja poso suficiente como para situar la cinta en la categoría de aquellas que importan cuando sus títulos de crédito ya han abandonado la pantalla.

La precisión cinematográfica con la que Ione Hernández maneja los efectos de la agresión sexual en un entorno tan delicado como el familiar hace de Hermanas una de las películas españolas más destacadas del año. Más que convincente en sus interpretaciones protagonistas y solvente en su reparto, la historia sacude al espectador y le hará replantearse la película en más de una ocasión.
NOTA: ★★★★☆
«HERMANAS» SE PROYECTA EN LA SEMINCI Y SE ESTRENA EL 27 DE NOVIEMBRE EN CINES.
TRÁILER DE HERMANAS:
PÓSTER DE HERMANAS:

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