Crítica de ‘Hope’ [Cannes2026]: Na Hong-jin revienta el Festival de Cannes con una película de género.

La 79ª edición del Festival de Cannes adquirió un marcado tinte oriental desde el mismo cierre de su predecesora. Al término de la pasada edición, los organizadores del Marché du Film anunciaron que el país invitado en torno al que giraría la nueva edición de 2026 sería Japón. A comienzos de año, el guiño fue unipersonal, con la decisión de otorgar y reconocer al director surcoreano de Oldboy y No Other Choice, Park Chan-wook, la presidencia del jurado de la Selección Oficial a Competición del vigente certamen.
La apuesta no se quedó ahí. El día del anuncio del line-up que competiría por la Palma de Oro, Thierry Frémaux e Iris Knobloch pronunciaron un potente contingente de nombres asiáticos. Esta lista estaba encabezada por el ganador del Óscar Ryûsuke Hamaguchi, frontrunner de todas las quinielas gracias a su nueva película All of a Sudden; Hirokazu Kore-eda, con su oportuna reflexión sobre la inteligencia artificial en Sheep in the Box; y Kôji Fukada, con Nagi Notes. Sin embargo, la gran sorpresa de la jornada fue la inclusión en la competición, y no en otra de las secciones paralelas, de Na Hong-jin, cineasta de género de culto que presentaba un proyecto rodeado de un absoluto secretismo, más allá de la participación de la pareja estelar formada por Alicia Vikander y Michael Fassbender.
![Crítica de ‘All of a Sudden’ [Cannes2026]: Hamaguchi alcanza el cielo en Cannes con una oda al amor, la empatía y la esperanza en el ser humano.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/05/all-of-a-sudden-2026-critica.webp)
Esta esperadísima Hope, del cineasta surcoreano director de The Chaser y The Wailing, comienza sin rodeos presentando a un grupo de vecinos rurales que, unidos a algún que otro policía, encuentran rastros de animales de ganado brutalmente asesinados al borde de un pequeño pueblo. Pese a que, en un principio, los rumores hablan de un tigre o similar, el apagón de las comunicaciones y la extensión de estos asesinatos a explosiones y disparos en el interior del núcleo urbano generan una preocupación y confusión que crece de manera progresiva. Estos equipos de búsqueda y captura ponen en riesgo sus vidas para detener la amenaza.

No hay tiempo que perder y la película no lo hace ni tan siquiera en la presentación de unos personajes que se incorporan a esta batida y captura. Más allá de uniformes o vestimentas, poco sabremos de cada uno de ellos durante la primera hora de película en la que Na Hong-jin apuesta absolutamente todo a una set piece de acción fascinante con no muchos precedentes.
Durante gran parte de este primer acto, la propuesta se adhiere al fuera de campo y a mostrar el punto de vista único de los personajes, la edición de sonido y todos los elementos materiales que uno pueda imaginar en un pueblo exclusivamente destruido hasta el milímetro para tal objeto. Recuerda al inicio de La guerra de los mundos (2005), de Steven Spielberg, donde toda una ciudad caía en el caos ante una amenaza externa que durante gran parte del tiempo al espectador no se muestra en pantalla.
La dirección de la acción en esta parte de la película es muy precisa, utilizando las lentes anamórficas y el scope para exprimir la máxima amplitud de pantalla como testigo de estos conciudadanos en la misión de salvar a su pueblo, y haciendo uso de algunos recursos visuales demasiado utilizados con el fin exclusivo de molar mucho, como apariciones de personajes o disparos a cámara lenta.

La acción sigue y el metraje avanza hacia la hora cuando se hace físico el motivo de tal alboroto, que no es otro que una bestia de forma humanoide con la que el cineasta surcoreano continúa la fiesta de acción y adrenalina sumando, ahora sí, un diseño de criatura con un uso de los efectos especiales absolutamente bochornoso. Desde este momento no hay Spielberg que valga, ni el suspense bien trabajado hasta el momento ni tampoco rastro de contenido o texto interno en la película, que hasta ese instante lo único que ha ofrecido es una acción de altísimo nivel en composición y coreografía que acaba desgastando por reiteración.
Esta es la única coherencia que Hope mantendrá durante sus cien minutos restantes, ya que, entre el humor negro ligado al propio cine surcoreano, hay vísceras y sangre por doquier, tanto en los humanos como en las criaturas, que tan pronto se ven protésicas como, de repente, mutan en un CGI sin pulir. También hay más escenas de acción con una, y otra, y otra cámara lenta de alienígenas corriendo mucho –al más puro estilo de los no muertos de Guerra Mundial Z–, y la película narra poco más allá de una amenaza latente y un porqué de brocha gorda sobre la presencia de estos extraterrestres en la Tierra.

No todo es malo en Hope, claro. Quizá por eso duele tanto que la película diluya su mensaje –sin saber bien aún cuál– en manos de un director de sobrado pulso con la cámara, un diseño de producción apabullante y algunas escenas de acción muy bien llevadas. Na Hong-jin ha demostrado en sus anteriores largometrajes ser un cineasta privilegiado y, por ello, hay que exigirle un punto más. Algunos momentos hacen, incluso, pensar al espectador si la copia no estaba del todo preparada para su estreno en el Festival. Fallos de raccord de bulto, elementos que se caen antes de que el bicho o persona, según toque en ese momento, golpee contra ellos y, de nuevo, unos efectos digitales para revisar antes de su estreno comercial apuntan hacia esto.
Principalmente, la historia sigue a dos grupos en los que situaremos el reparto. El primero, formado por la dupla de Hwang Jun-min (The Hunt) y Hoyeon, reconocible por su participación en El juego del calamar, interpreta a los dos policías que se encuentran en el lugar y, después, intentan poner orden en su segundo acto entre heridos, muertos y la búsqueda de una respuesta; y el segundo, el grupo de centauros del bosque que descubre una nave espacial y a tres figuras alienígenas con las que retomar el juego del gato y el ratón.

Hope tiene una de las mejores primeras horas de acción de la década dirigidas por un director con especial talento para ello, pero no logra llenarla de contenido y consigue transformar el interés en hastío por reiteración. Aburrida no es, y aquel aficionado afín al cine oriental reirá a carcajadas con algunos de los personajes, pero es una película que, por si fuera poco, se siente como un estiradísimo prólogo de algo más que nunca sabremos si llegará.
NOTA: ★★☆☆☆
«HOPE» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE CANNES Y SE ESTRENA EN CINES PRÓXIMAMENTE.
TRÁILER DE HOPE:
PÓSTER DE HOPE:

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