Crítica de ‘SerYo’ [71Seminci]: Luz y registro en un documental artísticamente inspirador.

El trabajo de un director, ya sea en la ficción, el documental –que, no olvidemos, es puramente objetivo, pues el cine es también mirada– o en cualesquiera de las artes escénicas, consiste en coordinar el trabajo de los diferentes departamentos de la obra artística y tomar las decisiones que lleven a buen puerto a cada uno de los integrantes que la forman. El director y actor teatral y cinematográfico, así como rostro conocido de nuestra televisión desde que interpretó a Dani en Al salir de clase, Sergio Peris-Mencheta, conoció a finales de 2023 que los síntomas de una analítica con resultados irregulares realizada meses antes se materializaban en un diagnóstico que podríamos denominar, parafraseando al propio cineasta en el documental, «punto negro»: leucemia aguda mielodisplásica.
Más de dos años después de anunciar públicamente su enfermedad, SerYo es el documental resultante de la decisión autoconsciente de Peris-Mencheta, la también actriz Marta Solaz y Verónica Díaz Pérez de registrar los diferentes momentos de la coexistencia temporal entre el proceso oncológico de Sergio y el artístico, con la dirección de la obra de teatro 14.4, escrita por Juan Diego Botto.
La 71.ª edición de la Seminci ha sido el marco que ha acogido el estreno mundial de este relato basado en la luz y el registro, dos características inherentes al concepto técnico, narrativo y expresivo del arte cinematográfico. Además, aparece en el pertinente debate abierto en pleno 2026 sobre si el arte, per se, debe tener un valor o no. Sea cual sea la respuesta que cada uno argumente, la de SerYo es que, de manera inevitable, el arte es un elemento catalizador de emociones y una terapia clínicamente inigualable para lograr sanar físicamente.
Si alguien no husmea más allá de la sinopsis del documental, es posible que caiga en el error de sentenciarlo como un documental sobre la filmación de un doloroso y sentimental proceso oncológico en el que una persona ve mermadas sus capacidades físicas y emocionales, y sobre cómo esto afecta a su entorno más cercano. Perdería, de este modo, la singularidad con la que los encargados de esta obra afrontan cada una de las decisiones formales y narrativas para estructurarla, y que es mucho más que eso.
El primer lastre que se quita de un plumazo Sergio Peris-Mencheta –siempre habrá quien, de manera incontrolable, siga sacando esa conclusión– es el del cinismo que puede generar un acercamiento documental estereotipado que haga dudar al espectador de si lo que está viendo es orgánico o está regido por alguien. En un momento determinado de SerYo, el propio protagonista se encarga de confirmar una sospecha y la siguiente. En un ejercicio de honestidad y de homenaje –quiero creer que voluntario– a la figura del director, ya sea de cine o escénico, Peris-Mencheta expresa no solo que quiere registrar los pasos de su complejo tratamiento, sino que el objetivo es convertirlo en un largometraje de no ficción. Y no esconde nada ni opera tras cortinas: existen escenas explícitas en las que dirige a su mujer, la directora y operadora de cámara Marta Solaz, para rodar de una forma u otra, con finalidad artística, algunos de los momentos más delicados de su terapia.

Pese a que, lógicamente, existen momentos más cercanos al sufrimiento humano, consecuencia de la quimio y radioterapia a las que está siendo sometido, los creadores de SerYo envuelven su película de forma que la poiesis creativa sea transversal a diferentes escalas durante las casi dos horas de metraje. Desde la logística complejidad que supone la relación telemática entre Madrid y el hospital de Los Ángeles, donde recibe tratamiento, a más de 9000 kilómetros de distancia, hay tres niveles en los que el propio Sergio y varios equipos están implicados. El primero de ellos es el de los ensayos de 14.4, que protagoniza en solitario el actor Ahmed Younoussi, quien se enfrenta desde la inseguridad a un extensísimo monólogo que deberá aprender con las anotaciones y pautas que le da su director desde la lejanía. Por otro lado, está la producción y planificación del documental que ha visto la luz en la Semana Internacional de Cine de Valladolid, en cuyas reuniones telemáticas de equipo Sergio recibe una noticia personal que impactará al público. Por último, el rodaje del propio documental, a cargo de la familia Peris-Mencheta, formada por él mismo, Marta Solaz y sus hijos Olmo y Río, que también están acreditados como operadores en los créditos.
De forma inevitable, no existe película, composición musical, danza ni obra teatral sin un equipo comprometido detrás. La obra opera aquí de manera metafílmica, estableciendo una conexión cercana entre la vida y el arte. Al igual que Youssouf no sería capaz de contar su relato de supervivencia migrante sobre las tablas del teatro sin la ayuda de Sergio, Juan Diego Botto y cada uno de los técnicos que trabajan en la obra, el protagonista de esta historia no habría encontrado salida al oscuro túnel patológico al que se enfrentó durante tantos meses sin el apoyo del arte como motor emocional y del equipo humano que le acompañó en cada momento de su proceso.
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Es aquí donde aparecen amigos íntimos de la familia que no son meros cameos promocionales. En una conversación telemática, los espectadores reconocerán, entre las más de 140 personas implicadas, a actores de la talla de Elsa Pataky, Miguel Ángel Muñoz, Óscar Jaenada o Pepe Lorente. Además de en esta reunión, tienen un peso específico las reflexiones en la intimidad junto a Javier Bardem y, sobre todo, la crucial implicación de Penélope Cruz para que el devenir de la enfermedad cambiara de forma radical.

Aunque no pueda caracterizarse como un documental innovador y caiga en algunas reiteraciones que hacen que la trama avance con menos soltura de lo que podría, SerYo sí tiene la capacidad inspiradora afín al arte teatral y cinematográfico que ha sanado y también obsesionado a muchos artistas a lo largo de su historia. Es imprescindible destacar los inesperados momentos de humor y risa que dieron luz al registro y rompieron las sombras de una historia que, a buen seguro, también las tuvo.
NOTA: ★★★½
«SERYO» SE PROYECTA EN LA SEMINCI.
TRÁILER DE SERYO:
PÓSTER DE SERYO:

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