Crítica de ‘A veces me entra tristeza, otras veces rebelión’ [74SSIFF]: Arte y política en un tranquilo paseo por el parque.

No es habitual que un título tan espectacular y misterioso como A veces me entra tristeza, otras veces rebelión sea la puerta de entrada a una película como la que firma María Aparicio, una de las voces jóvenes más fascinantes del cine argentino contemporáneo, que presenta su nuevo trabajo en la sección Zabaltegi-Tabakalera de la 74.ª edición del Festival de San Sebastián. Después de Las cosas indefinidas (2023), Aparicio recupera al personaje interpretado por Eva Bianco, una mujer del mundo del cine que, tras los eventos del ya citado título, pasa una temporada en Madrid, donde se dedica a vagar sin rumbo y con la curiosidad adormecida.
Pero Eva no es la única argentina que, por motivos personales o laborales, reside estos días en la capital de España. También está Dante (interpretado por el crítico de cine Roger Koza), que pasa unos días en la ciudad documentándose sobre Juan Bialet Massé y las luchas obreras de su país. Y el destino de ambos acabará cruzándose en el interior del Museo Reina Sofía.

Todo esto cobra aún más sentido cuando se descubre que la propia María Aparicio fue la primera de los tres en pasar una larga temporada en Madrid, tras ser seleccionada para la residencia Joaquim Jordà del Reina Sofía. La cineasta aprovechó su estancia para desarrollar el proyecto y rodar en las instalaciones del museo, en varias zonas de la ciudad y en algunos puntos de Cataluña. Lo hizo, además, con un equipo mínimo y unos recursos prácticamente agotados, de modo que la producción está inevitablemente marcada por sus limitaciones. La proeza, aunque no debería sorprender tanto a la vista de sus trabajos anteriores, es que Aparicio haya sabido convertir esas limitaciones en una virtud.
Porque su película es, en apariencia, sencilla. Tras presentar a los dos protagonistas por separado y provocar un primer apasionante y juguetón encuentro (una suerte de persecución por el interior del museo), Eva y Dante empiezan a hablar. Desde ese momento y hasta su separación, Aparicio abraza una tradición puramente rohmeriana que, a su vez, recuerda a películas como Antes del amanecer. Aunque ninguno de los dos muestra un interés romántico claro (por mucho que Koza sea todo un galán), entre cafés y paseos por parques y calles madrileñas irán conociéndose y forjando un vínculo especial. Y, más allá de la belleza de sus infinitas conversaciones y de su puesta en escena minimalista, Aparicio aprovecha ese deambular, textual, narrativo e incluso formal, para hablar de política, de arte y de sociedad.
![Crítica de ‘El castillo’ [74SSIFF]: Una mirada interna a la mafia proxeneta española.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/09/el_castillo_2026_serie_critica.webp)
Todo, eso sí, está planteado con sutileza. Los dos protagonistas son argentinos que están en un país que no es el suyo no por necesidad, sino más bien por gusto. Hablan del papel del artista hoy en día y de si su obra sirve para abordar los problemas del mundo, y sus conclusiones desembocan en una ruptura radical del relato, apoyada en una secuencia de clave onírica, en la que lo rohmeriano es sustituido por un nuevo lenguaje: el documental. Como si de un ensayo en construcción se tratase, la directora decide acabar súbitamente su película para dar comienzo a otra que ya no pone el foco en artistas privilegiados, sino en los migrantes y sus condiciones de vida. Toda una declaración de intenciones por parte de María Aparicio.

La segunda parte de A veces me entra tristeza, otras veces rebelión aborda de manera explícita la actualidad política (tanto en lo que respecta a los migrantes en España como a las políticas de Javier Milei) y reflexiona, de forma más silenciosa y a través del subtexto, sobre todo lo narrado hasta entonces. De ahí que la investigación sobre Juan Bialet Massé no sea caprichosa, pues Massé elaboró un informe sobre la situación laboral de la clase obrera en Argentina, y más de cien años después, la realidad que refleja la película demuestra que las cosas no han cambiado tanto desde entonces.
![Crítica de ‘El deshielo’ [74SSIFF]: Heridas de la dictadura ocultas bajo el hielo.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/09/el_deshielo_2026_critica.webp)
La proeza de la película, como decíamos antes, reside en que este artefacto cinematográfico, inorgánico por naturaleza, no resulta del todo forzado. La escritura de Aparicio expone sus mecanismos narrativos con honestidad a través de las excelentemente estructuradas conversaciones entre los protagonistas. Y la construcción de un discurso político coherente con el presente, algo que abunda en esta edición del Festival de San Sebastián, viene acompañada además de una preciosa narración cinematográfica, llena de imágenes (esos espacios naturales, esa luz, esa forma de encuadrar a sus personajes) y sonidos (esa preciosa pieza de piano) memorables.

Podemos pensar en A veces me entra tristeza, otras veces rebelión como una película algo encorsetada, pero preferimos referirnos a ella como un regalo. En un año en el que cineastas veteranos como Ryūsuke Hamaguchi (All of a Sudden) o Lee Chang-dong (Possible Love) sacrifican su sutileza característica para elaborar explícitos discursos políticos sobre el presente, María Aparicio lo consigue sin renunciar a ella, y con la misma inteligencia y madurez.
NOTA: ★★★★☆
«A VECES ME ENTRA TRISTEZA, OTRAS VECES REBELIÓN» SE PROYECTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN.
