Ana Wagener, actriz de ‘Una familia’: «Me encantaba ver a Ricardo Gómez dirigiendo al niño que podía haber sido él».
La ópera prima de Ricardo se presenta en la Seminci.

Ana Wagener es una de las actrices secundarias más consolidadas y camaleónicas de nuestro país. Situada en la tradición de actores de reparto como el recientemente fallecido Manolo Solo (Cerrar los ojos) o Luis Zahera (As bestas), la actriz canaria tiene en su haber un premio Goya a la Mejor Interpretación Femenina de Reparto por su trabajo en La voz dormida (2011), de Benito Zambrano.
A lo largo de su carrera, ha estado bajo las órdenes de cineastas tan relevantes como Carlos Saura, Jaime Chávarri, Pedro Almodóvar o Rodrigo Sorogoyen, por señalar a algunos de los más destacados de diferentes épocas. Sin embargo, en esta 71.ª edición de la Seminci presenta la ópera prima de Ricardo Gómez, Una familia, donde se somete a un cambio físico y emocional que se suma a tantos otros trabajos de su carrera.
En esta entrevista exclusiva con mundoCine, Ana revela los secretos de la dirección del nuevo cineasta y cómo ha sido trabajar con diferentes generaciones de intérpretes en esta película.
![Crítica de ‘Una familia’ [71Seminci]: Claudia Traisac deslumbra en el ambicioso debut como director de Ricardo Gómez.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/10/una-familia-2026-critica.webp)
Jesús Casas: En primer lugar, como actriz con una vasta filmografía que ha trabajado con todo tipo de cineastas, me gustaría preguntarte cómo ha sido trabajar en la ópera prima de Ricardo Gómez.
A.W.: Pues fíjate, ¿quién diría que esta es la primera película de Ricardo? Porque de verdad que tiene autoría, tiene contundencia. Y como director –yo se lo decía– se nota tanto que ha sido actor.
En los ensayos, lo que ha hecho es reforzar muchísimo las relaciones entre los personajes, porque, si os dais cuenta, hay diálogo, pero también mucho diálogo que no se dice.
El personaje que interpreto, Consuelo, es una mujer de una generación que entiende el amor y el cuidado de una manera muy determinada, pero que no tiene demasiado desarrollada la comunicación emocional con su hijo.
A la hora de rodar, Ricardo se daba el lujo –a mí me parece un lujo, porque normalmente se hace poco– de afinar entre toma y toma, de probar, de poner otra capa. Por eso te digo: ¿quién lo diría? Yo me he sentido muy cómoda con él, con una comunicación muy libre y una escucha muy activa por parte del director. Ha sido una gozada.

J.C.: Hablando de personajes, aunque interpretas a uno solo, la película transcurre en épocas diferentes y tu personaje evoluciona porque le acontecen hechos diferentes. Además, la relación con el personaje de Claudia Traisac es directa, porque sois madres en épocas diferentes.
A.W.: Consuelo es un personaje en el que no me reconozco, pero, de esa época, yo podía tirar de mi madre. Ricky y yo hablamos mucho porque no queríamos construir una Consuelo tópica.
Es una mujer que se reconoce en el personaje de Claudia, pero hubo un momento de su vida en que tomó la decisión de tirar hacia delante con su marido y no salir corriendo en otra dirección. Y se ha comido toda esa vida, yo creo que con culpa, porque le ha ofrecido a su hijo una relación con el padre que ha acabado en un cubo de basura. Ya solo con ese gesto estás contando muchísimas cosas de ella. La película está llena de lenguaje cinematográfico: a través de esos pequeños detalles se cuenta mucho de los personajes.
No queríamos hacer una mujer desgraciada por todo lo que ha tenido que aguantar, sino una mujer que lo ha gestionado con una naturalidad que te despierta más ternura. Intenta querer a su hijo lo mejor que sabe, siendo consciente de lo que tiene delante.

J.C.: No solo está el mimo con el que Ricardo trata esos pequeños detalles, sino también el enorme trabajo de ambientación de las dos décadas en las que se desarrolla la película, a diferentes niveles narrativos. ¿De qué manera ayuda eso a tu interpretación?
A.W.: Han hecho un trabajo impresionante. A los compañeros que han trabajado mi aspecto en la película, por ejemplo, los llamo «los cómplices».
La primera vez que hablé con Ricardo le pregunté por qué cambiaba tanto el aspecto de Consuelo si en la trama solo pasan ocho años. Pero, claro, ¡qué ocho años han sido para ella! Hay veces que a una persona le pasa algo tremendo en la vida y, cuando la ves al cabo de un año, parece que han pasado diez. Y a Consuelo le pasa un poco eso.
Además, verte tan transformada, junto a todo el trabajo de arte que hicieron en los barrios de Madrid donde rodamos, hace que todo en el rodaje sea muy orgánico.

J.C.: Mención aparte merece tu transformación. Creo que eres una de las actrices del cine español a las que más transforman el maquillaje y la peluquería.
A.W.: [Sonríe antes de contestar] Soy alguien a quien le encanta coger el metro en Madrid. Y hay mucha gente que de pronto se me queda mirando, me vuelve a mirar y es como si dijera: «¿De qué conozco yo a esta mujer?». Me pasa mucho eso de «¡Tú y yo nos conocemos del barrio! ¿Tú no eres la que va a no sé dónde…?». Y yo, a veces con un poco de apuro, les digo: «No, es que soy actriz». Y con las transformaciones, muchas veces me dicen: «¿Qué? ¡Si no te he reconocido en esta película!».
Consuelo tiene algo de mí, evidentemente, pero también tendrá algo de mi madre, algo de las mujeres de aquellas épocas. Hay algo que viene de dentro y se transforma fuera, en la mirada, en el gesto. A mí me divierte mucho jugar con mi transformación física. Me encanta eso de decir: «Bueno, al final estamos jugando».

J.C.: Hablando de jugar: Patrick, Claudia y tú sois intérpretes con un bagaje detrás, pero Víctor Lite es un actor en ciernes. Tiene que ser muy importante ver a un actor cuyo registro nace de la inocencia más pura. ¿Qué te aporta trabajar con actores tan jóvenes?
A.W.: Un actor joven te aporta la mirada natural, el no tener filtros ante nada y la relajación de quien no se juega nada. Porque, evidentemente, el kilometraje también pesa delante de una cámara, y eso de ser tú mismo lo ves en los niños. Además, me encantaba ver a Ricardo dirigiendo al niño que podía haber sido él. Eso es muy bonito. Hay muchos detalles, dentro y fuera de la película, que son realmente exquisitos.
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