Claudia Traisac, actriz de ‘Una familia’: «Esta película me ha transformado tanto como persona que siento que puedo con todo».
La ópera prima de Ricardo Gómez se presenta en la Seminci.

Claudia Traisac es una madrileña a la que la interpretación le llegó a la temprana edad de nueve años y a la que no ha abandonado desde entonces. Con apenas 12, ya había trabajado con uno de los grandes cineastas de nuestro cine en El séptimo día (2004), dirigida por Carlos Saura. A lo largo de los primeros años de la década de 2000, Claudia participó en varias series de televisión que la hicieron ser una cara reconocible para el público español. Su papel en una de las producciones televisivas de mayor calado mediático en nuestro país, Cuéntame cómo pasó, la ligó personal y profesionalmente a Ricardo Gómez, intérprete de uno de los protagonistas, Carlitos, de esta inolvidable familia.
Casi 20 años más tarde, de esta relación personal nace la primera colaboración director/actriz entre ambos, ya que Claudia interpreta a Clara, la protagonista de la ópera prima de Ricardo Gómez, Una familia, que se ha presentado de manera internacional en la 71.ª edición de la Seminci antes de llegar a los cines el 19 de febrero de 2027 de la mano de Filmax. Traisac ofrece el papel más brillante de su carrera y charla en exclusiva con mundoCine desde el icónico Museo Patio Herreriano de la ciudad vallisoletana.
![Crítica de ‘Una familia’ [71Seminci]: Claudia Traisac deslumbra en el ambicioso debut como director de Ricardo Gómez.](https://mundocine.es/wp-content/uploads/2026/10/una-familia-2026-critica.webp)
Jesús Casas: Conoces a Ricardo desde hace muchos años. ¿Cómo fue el proceso desde que llegó la oportunidad de trabajar con él hasta que se confirmó tu presencia en la película?
Claudia Traisac: Leí el guion como amiga de Ricardo, porque nos conocemos desde que tenemos once años. Tuve la suerte de que me lo mandara, simplemente por el hecho de enseñármelo. Evidentemente, cuando lo leí pensé: «Dios mío, ojalá hacer de Clara», pero nunca se me pasó por la cabeza decírselo; es más, yo le proponía actrices y le decía: «Uy, esta me pega».
Hice una película con Borja de la Vega, que es mi representante, y un día Ricardo vino a ayudarnos con una secuencia y me dijo que quería que hiciera el casting para este papel. Lo hice, y fue un proceso muy exigente. Ya en los castings, trabajar con Ricardo fue un sueño, por cómo vi que iba a ser como director de actores. Luego pasó un tiempito, en el que yo me mordía las uñas, hasta que me confirmó la noticia: yo iba a ser la actriz. Desde entonces han pasado años hasta que, por fin, se ha podido levantar la película.
Me da hasta pena este proceso de promoción y entrevistas, porque significa despedirme de esta historia. Ha sido un gusto tener a Clara acompañándome todo este tiempo.
J. C.: Después de tantísimos años conociendo a una persona en diferentes ámbitos personales y vitales, ¿qué te ha parecido esta nueva faceta de Ricardo en la dirección?
C. T.: Pues una faceta muy desconocida para mí. Ten en cuenta que Ricky [así llama cariñosamente a Ricardo Gómez] y yo nos conocemos en todos los sentidos, porque al final hemos crecido juntos, así que hemos descubierto todas las multipersonalidades que tiene el otro. Por tanto, era una incógnita cómo íbamos a funcionar como actriz y director.
Es un director superexigente, pero también muy paciente. Da muchísimo espacio y confianza a los actores. En las primeras pruebas, Patrick Criado y yo empezamos casi sin poder mirarnos de los nervios y del respeto que teníamos, pero Ricardo nunca precipitó el resultado, sino que acompañó el proceso por el que nosotros nos teníamos que convertir en los personajes.
Ya en el rodaje, ha sido un grandísimo líder. Se generó un sentimiento muy comunitario, con mucho amor, sensibilidad y profesionalidad por parte de todo el equipo. Y eso es gracias a Ricky y a Diego Betancor como productor.
Ocurrió algo muy bonito: a mí me costaba mucho mirarlo desde la distancia, porque me preguntaba «¿Qué hacemos aquí haciendo una película juntos?», así que él me dirigía directamente al oído y se convertía en mi conciencia. Ha sido precioso; trabajaría con él cada día de mi vida.

J. C.: Hay algo muy destacado en Una familia: el cuidado trabajo de ambientación y puesta en escena de las diferentes épocas en las que se desarrolla la historia, en concreto los 90 y los 2000. ¿Cómo ayuda a tu interpretación este nivel de detalle en el set, las localizaciones y el atrezo?
C. T.: En Una familia se ha reunido un equipo absolutamente excepcional en todos y cada uno de los departamentos. Además, se generó una energía muy femenina y de mucha sensibilidad, que me devolvía la esperanza en la humanidad al convivir con estas personas durante el rodaje.
Y he tenido la suerte de que la directora de arte de la película es una de mis mejores amigas, Teresa Montanuy, una de las personas más talentosas e inteligentes que he conocido nunca. Su trabajo me parece espectacular. Junto a la labor de peluquería, maquillaje y vestuario, conseguía que fuera sencillo dar tres saltos temporales contando con muy pocos detalles narrativos del personaje.
Laura Renau hizo un grandísimo trabajo con el vestuario de Clara, porque hay un contraste en el tipo de ropa que lleva entre la primera etapa y la segunda, en la escena del bautizo. No se trataba de looks que únicamente evocaran una época, sino de que tuvieran personalidad y hablaran de los personajes a través de todos estos aspectos.
Ha sido un sueño poder hacer tantas cosas, y tan diferentes, en una misma película, como los bailes o las pelucas.
El formato que usó Ricky, el 16 mm, también ayudaba muchísimo a entrar en el cine de otra época, igual que el respeto que se genera en el set cuando ruedas en analógico, que es muy distinto al digital. Se produce algo como sagrado.
J. C.: Entre una época y otra, tu personaje pasa también por diferentes emociones. Hay una palabra que lo sobrevuela durante toda la película: el sacrificio que hace para tener la vida que ha elegido con esta familia. ¿De qué modo atraviesa esto tu interpretación y qué retos ha supuesto para ti?
C. T.: El sacrificio y la maternidad son temas muy universales para las mujeres, sobre todo para las de aquella época. Mi madre tenía la edad que tendría Clara en ese momento, así que me he acercado mucho a ella. Siento que es una generación, la de las mujeres de los 90, que hizo muchos sacrificios para ser madres, levantar una familia y, a la vez, no perder su identidad y buscarse un lugar en el mundo laboral.
Ricky y yo hablamos mucho sobre ello. Somos quienes somos porque nuestras madres rompieron muchas barreras, y seguramente estemos hoy aquí hablando de una película gracias a todo lo que hemos mamado de ellas.
Han sido increíbles y, además, no han perdido su identidad: han luchado por mantenerla en un momento, el que se cuenta en la película, en el que no había tantos referentes como ahora. Había que ser un tipo de mujer y de madre para encajar en la idea de una familia tradicional, que es uno de sus grandes temas: qué es una familia, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

J. C.: Me gustaría hablar ahora de una escena de la película, sin entrar en spoilers, que ejemplifica bien el tipo de director que apunta a ser Ricardo. En ella aguantas un plano fijo durante varios minutos mientras sobre ti se proyecta un interesante trabajo de luz. Tuvo que ser duro mantener la concentración durante tanto tiempo en un plano tan complejo, emocional y técnicamente.
C. T.: Ese día de rodaje fue uno de los más duros y más gratificantes que he tenido en mi carrera como actriz. Era un momento que no se puede ensayar: tiene que salir. Ahí reside el misterio de la interpretación. Hay todo un equipo técnico y artístico trabajando durante mucho tiempo para que un plano salga bien, y depende de ti que la emoción aparezca o no. Pasas mucho tiempo preparándote, muy concentrada, pero hay algo que no está en tu mano y que tiene que ver con la magia.
Era una toma muy complicada y todo el mundo estaba muy pendiente. Mientras la rodábamos, me acompañaba la foquista, que iba tumbada en el asiento de atrás del coche haciendo el foco. Yo quería estar completamente centrada en la emoción, así que le pedí que fuera ella quien notara cuándo estaba preparada para dar el «¡Acción!». Es un claro ejemplo de que el cine es un trabajo de equipo, en el que hay implicadas muchísimas personas para que todo funcione. Fue una jornada nocturna muy larga, porque tuvimos que repetir la secuencia varias veces.
El amor que me ha entregado Ricardo a través de esta película era el amor que yo le quería entregar en cada plano.

J. C.: Creo que esta actuación es una de las más brillantes de tu carrera. ¿Cuál es tu momento actual y qué retos profesionales tienes por delante?
C. T.: Esta película me ha transformado tanto como persona que siento que puedo con todo. Una familia marca un antes y un después a nivel personal y profesional. Me encantaría enfrentarme a cualquier cosa.
Estoy muy agradecida a Ricardo por la confianza que ha depositado en mí. Cada día de rodaje ha supuesto el reto de sostenerme en mí misma y no buscar ser otra persona.
Siento una ambición y un hambre que quizás no tenía antes: me gustaba estar un poco sin llamar la atención. Ahora me encantaría hacer baile, comedia, drama, terror… ¡Lo que me echen!
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